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Un tiempo para los «pies polvorientos»

24 ago 2010

Seguimos el debate indiano sobre la figura del mercader a partir de “Las Ciudades de la Edad Media” de Henri Pirenne.

La tesis inicial de Las ciudades en la Edad Media sitúa “el cierre del Mediterráneo” como el origen de la Edad Media. El Mediterráneo puede considerarse como el configurador del imperio romano y bizantino, la base de su unidad económica, pero también el espacio a conquistar por los diferentes pueblos que se sienten atraídos por su clima suave, diversidad natural y civilización… y claro está, también por la riqueza de sus grandes puertos comerciales. Pero el 711 rompe definitivamente la unidad mediterránea, y “el mar se convierte en una barrera” para Occidente y Oriente.

A partir de este momento, Europa Occidental entra en una época de decadencia económica: Desaparece el comercio y los mercaderes, el cuño de oro y el monopolio que los estados ejercían para la acuñación de moneda.

La economía de cambio fue sustituída por la economía de consumo. Cada dominio, en lugar de continuar en relación con el exterior, constituye un pequeño mundo aparte [...] El siglo IX es la Edad de Oro de la economía doméstica sin mercados

Sin embargo, este marco, donde la Europa Occidental pierde todo tipo de influencia y contacto con el exterior, no se reproduce en la banda oriental. Allí, reinos tapón se benefician del comercio que intermedian entre el imperio bizantino y el joven mundo musulmán. Es más, encontramos los que seguramente sean los primeros fondachi en Constantinopla:

Los mercaderes rusos tienen aquí un barrio especial y sus relaciones con los habitantes de la ciudad están reguladas por tratados comerciales, el más antiguo data del siglo IX

Esta situación tampoco se mantendría durante mucho tiempo, ya que a finales del S.IX y principios del X, los rusos por influencia de Constantinopla se convierten al cristianismo.

Otra de las excepciones la encontramos en Venecia donde podemos decir que los venecianos sacaron incluso ventaja del cierre del Mediterráneo. Según recoge Pirenne, “Venecia no pertenece a Occidente nada más que por su situación geográfica, pues le es ajena tanto por el tipo de vida que lleva, como por el espíritu que la anima“. Esta peculiaridad, junto con su posición geográfica militarmente inexpugnable, será la causa de que entre Venecia y Oriente no se pierda el contacto a lo largo de la Edad Media.

Desde Venecia, la nueva cultura mercantil se expandiría por toda Europa. Una nueva clase mercader surgió poco a poco asociada a herramientas que nos son familiares y sabemos indispensables: la generación de instrumentos financieros, el uso de la diplomacia corporativa y la inteligencia de negocio. Así, el nuevo mercader se define como un nuevo tipo humano:

Muchos conocían lenguas extranjeras y estaban al corriente de las costumbre y de las necesidades de diferentes países [...] si se presentaba una oportunidad afortunada estaban entusiásticamente dispuestos a sacarle beneficios

Y oportunidades en tiempos de miseria no faltaban, cuando cada operación, además, suponía un importante beneficio, ya fuera un cargamento de trigo o valiosos tejidos. La actividad comercial por tanto permitía el ascenso social de forma rápida y admitía cualquier condición de partida.

Un interesantísimo ejemplo nos lo daría la biografía del sajón San Goderico. Nacido a finales del S.IX de campesinos pobres, se dedicó para subsistir a recorrer las playas en busca de restos de naufragios con los que mercadear. Pronto pasó a buhonero y comenzó a recorrer el país de feria en feria obteniendo pequeños beneficios. Su oportunidad le llega con el salto al comercio marítimo. Se asocia a otros mercaderes y fletan un barco que traslada mercancías y personas a lo largo de las costas de Inglaterra, Escocia, Dinamarca y Flandes. La sociedad prospera y nuestro San Goderico se convierte en un hombre cada vez más rico.

Santo modélico donde los haya, en San Goderico encontramos:

Finalmente, San Goderico, se aviene a la doctrina de la Iglesia, se convierte en monje y dona todos sus bienes a los pobres.

Tenemos hasta aquí que las habilidades para detectar oportunidades, la existencia de una mínima cultura de financiación y la cooperación son factores clave para entender el éxito de la naciente clase comerciante. Queda todavía una más: la organización de la seguridad en la itinerancia, dentro de un mundo fundamentalmente estático donde cualquier viaje es tan extraordinario como peligroso.

La seguridad está garantizada por la fuerza, y la fuerza es consecuencia de la unión [...] los mercaderes recorren el país en bandas.

Estas agrupaciones comerciales son descritas por Pirenne

como bandas armadas cuyos miembros, provistos de armas y espadas, rodean a los caballos y a las carretas cargadas de sacos, fardos y toneles

Los comerciantes y la libertad

Los comerciantes son en esta época grupos en tránsito permanente.

Salvo en invierno, el comerciante de la Edad Media, está permanentemente en ruta, los textos del S.XII les llaman “pies polvorientos”.

Esta peculiaridad les confiere la condición de extranjeros en cualquier territorio. Aunque en su mayor parte proceden de padres no libres, son desconocidos a los que la población no puede relacionar con ningún señor. Su propio movimiento constituye la garantía de su libertad. A esta condición se llega por su uso y por el desarraigo del territorio natal que les permite ir a cualquier parte sin ser reclamados por nadie. No hay posibilidad de demostrar que previamente no disfrutaban de libertad, el derecho feudal juega paradójicamente a su favor.

Esta forma de vida, caracterizada por la itinerancia permante chocaba y sorprendía a una población vinculada a la tierra. Una sociedad agrícola que no tenía ningún hueco en su organización para estas gentes. Es más, a excepción de Italia, el prejuicio de que la dedicación al comercio es denigrante permanece vivo en el seno de la nobleza

la nobleza no tuvo más que desprecio para aquellos advenedizos cuya procedencia era desconocida y cuya insolente fortuna resultaba insoportable [...] se sentía humillada por tener que recurrir, en momentos difíciles a la ayuda de estos nuevos ricos.

La Iglesia, por su parte, no hace sino reforzar esta tendencia. Considera que la vida comercial hace peligrar el alma. Un texto atribuído a S. Jerónimo plantea que un comerciante dificilmente puede agradar a Dios. Equipara el comercio a la usura y la búsqueda de beneficio con la avaricia. Aplicando esta tesis, el comerciante no gozaría de gran popularidad entre buena parte de la población que en esta época sigue a pies juntillas la doctrina eclesiástica.

El burgo nuevo

Los primeros asentamientos de la clase comerciante generan cambios urbanos, sociales y económicos. Por un lado, es necesario ampliar el recinto de los asentamientos comenzando la construcción extramuros.

Los burgos eran únicamente fortalezas cuyas murallas encerraban un perímetro extraordinariamente limitado, y por esta razón, desde un principio, los comerciantes se vieron obligados a instalarse, por la falta de sitio, en el exterior de ese perímetro.

A la población del “burgo nuevo“, los comerciantes, se le comenzó a conocer como burguensis, frente a los castellani o castrenses, que habitaban el burgo viejo.

Por lo general, la instalación de la burguesía fue acogida con muestras de desagrado. El comerciante no está sujeto al poder señorial de la época, conserva su condición de hombre libre, pero no ocurre lo mismo con los artesanos y campesinos que van llegando a los nuevos burgos. A diferencia de los comerciantes, la mayoría de ellos proceden de los alrededores, son conocidos y pueden ser reclamados por sus señores. Aunque se instalen en los nuevos levantamientos y abandonen el campo, no perderán su condición de siervos. Por otro lado, los mercaderes en muchas ocasiones se casan con mujeres locales, también siervas. Sus hijos, heredarán la condición de la madre por el principio “adagio partus ventrem sequitur”. Bajo el mismo techo pasarán a convivir un padre libre con una madre e hijos siervos. Es el precio del asentamiento, de la pertenencia a un territorio.

No cabe duda que esto conllevará conflictos sociales, aunque según nos cuenta Pirenne

la burguesía no es una clase revolucionara. Sólo pide que la sociedad le haga un lugar compatible con su tipo de vida

Es decir, no hay un sentimiento universalista que les mueva a reclamar los mismos privilegios que ellos disfrutan para el resto de la población. Sí para los suyos, obviamente, para los que pide concesiones y en este sentido comienzan a ejercer influencia en el desarrollo de un orden social acorde a sus necesidades.

Moraleja

Es el nacimiento de una clase de mercaderes el que sienta las bases del florecimiento económico y del comienzo de la vida urbana en la Europa Occidental al final de la Baja Edad Media. Una clase fuera del espacio delimitado en el orden feudal, en cierto modo extranjera siempre, no sólo por su itinerancia sino por su práctica y su mirada. Mirada que hará después igualmente extranjeras a sus ciudades en medio de una campiña servil. Lo que les hace libres, les hace prósperos, pero también ajenos a un mundo que no pueden sino transformar.

En tiempos de decadencia, caída de los mercados e imposibilidad de acceso a los mismos es posible asistir al nacimiento de una nueva clase social de mercaderes, que no dejan de ser ancestros de los neovenecianistas de nuestro tiempo. Los factores determinantes en aquel momento vuelven, a otra escala, a estar vigentes: cierre de mercados, dificultades crecientes a la movilidad de las personas, valores cada vez más encerrados en el territorio y un estado nacional que reclama que les pertenecemos por nacimiento.

Pero hoy tenemos tenemos también tecnologías que nos permiten en parte salvar las barreras físicas, tan costosas de eludir en la época medieval. Siempre hay espacio para salir del territorio y del poder territorial, siempre hay necesidad de emprender, comerciar, crecer y disfrutar de la libertad.

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9 Comentarios a “Un tiempo para los «pies polvorientos»”

  1. RafaSalmoral

    Natalia,
    No querría emprender un hilo de tipo histórico, porque no creo que sea el momento ni el lugar. Sencillamente señalar que la tesis de Pirenne es extraordinaria para la construcción del mito y la mística es estáis usando, pero parte de supuestos históricos ya superados no tanto por erróneos (bueno, también por ello) como por elegir mal el foco de estudio. Baste indicar que los mercaderes y burgueses establecidos en una ciudad encaminan el gobierno de esta a que la ciudad de comporte como un señor feudal con su siervo (el territorio que conforma su municipium).
    Lo único que quería en este caso, como ya ocurrió en otro post de David, es ayudar en lo posible con buenas referencias -que creo darán más y mejor consistencia a la construcción identitaria- y que no adolezcan de pies de barro.
    PD. Por cierto, acabo de leer un magnífico post de versus muuuuuuy bien orientado!!!!

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    • David de Ugarte

      Hola Rafa!! El post de Jose es parte del mismo debate, con tus notas y las de Luis ya hicimos la crítica del “Cierre mediterráneo” en la mesa, pero en realidad tampoco es necesario para hilar el mito que nos interesa (como se ve explícitamente en el post de Jose). Ya llegaremos a la parte musulmana y verás como nuestra tendencia natural es a partir más de relatos andalusíes que de castellanos o francos… por eso intentamos también equilibrar :)
      Sobre la ciudad-señor-burguesa: a eso se refería también Nat cuando recoge la idea de que no es una clase revolucionaria. Si sigues con la metáfora, nosotros que abominamos del trabajo asalariado intramuros, extramuros (osea en la [[Red Honos]]) seríamos “señores feudales colectivos” (osea, accionistas) de empresas con asalariados… es curioso que a nadie le chirríe, porque nosotros no nos dejamos de sentir raros y en ese sentido también el relato no deja de ser un poco balsámico a pesar de nuestro no-[[universalismo]].

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  2. Natalia Fernández

    Hola Rafa,
    coincido plenamente con el enfoque de Versvs. Realmente, teniendo claro que ni el cierre fue tal cierre “desde fuera”, que el ámbito donde es aplicable era sobre todo el del reino franco, etc., etc. lo importante es que el papel veneciano y el de la clase mercantil en general sigue constituyendo el tipo de material que nos hace falta hoy para repensar y reinventar a los mercaderes en plena [[descomposición]].

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  3. Rafael Javier Rodriguez Sanchez

    Leía la interesante definición de “descomposición” en la Indianopedia. En ella se dice, que se manifiesta de forma creciente desde 1989, ¿por qué esa fecha? ¿Caida del muro, quizás?

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  4. Natalia Fernández

    Efectivamente Rafa, la caída del muro propicipa la caída de los viejos fantasmas articuladores del mundo, de las fronteras bien claras y definidas tanto por lo geográfico como por lo ideológico… pero en principio sólo un lado cae. A partir de ahí el ciclo que luego continuaría con las [[revoluciones de colores]] adelanta que las resistencia a un mundo de lógica distribuida son grandes. Pero no es sólo la voluntad o el ánimo lo que impulsa el cambio. Está la tecnología y su arquitectura, el orden social y las relaciones sociales que portan bajo su arquitectura de información. Enfrente ya no está la URSS (el primer paquidermo en caer) sino algo nuevo e informe. La mole que lleva al cambio. ¿Y qué pasa cuando la resistencia del “capitalismo de amigotes” y los beneficiarios del viejo mundo descentralizado es capaz de mantenerse sin tampoco imponerse? Lo mismo que cuando dos moles se empujan una a otra equilibrando sus fuerzas y poniendo todo el empeño en ello: [[Descomposición|se descomponen]].

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  5. enrique

    Y digo yo.
    La historia, tantas veces manipulada ¿como puede servir de modelo de nada?
    La historia es como un cuento de hadas, según quien la cuente habrá gnomos o brujas.
    Yo aplaudo la idea de crear otra sociedad pero no eso de las espadas para proteger las caravanas

    Alejandro magno cortó con la espada el nudo gordiano para empezar un nuevo mundo.

    Elucubrar sobre lo que fué o no fué es algo esotérico que lleva al dominio de cerebros enfermos o enfermando, a mi me interesa el corazón.

    Que somos rehenes de gobiernos, partidos y multinacionales esta muy claro, que somos esclavos de estos nuevos señores feudales, aunque sean de nuevo cuño, como los políticos también.

    Yo estoy por ayudar, por trabajar y por construir de nuevo.
    Pero el ser humano tiene sus limitaciones y la mayor es el miedo.

    ¿como combatir el miedo?
    Ese es el verdadero trabajo, y esto no lo digo yo, lo decía confucio hace muchos miles de años.

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    • David de Ugarte

      Fíjate Enrique que creo que lo que los indianos hacemos es bastante sensato y honrado. No mitificamos la Historia. Tomamos de la Historia relatos para [[mitopoiesis|crear nuestros mitos]]. ¿Qué son esos mitos? Relatos que nos permiten dibujar sin dogmatismo ni sectarismo un mapa de valores que luego cada cual interpretará a su manera. De este modo por un lado evitamos sectarismos en la interna, por otro evitamos la tentación de pretender que la Historia diga lo que queremos oir.
      ¿Como combatir el miedo a cambiar las cosas? Nuestro camino pasa por construir [[filé|autonomía económica para nuestra comunidad]] y cada vez más [[plurarquía|libertades]] basadas [[derecho a segregarse|en ese desarrollo económico]] para los nuestros y [[objetivos de la filé a 25 años|el entorno]]. No creo que sea poco para un pequeño grupo de personas :)

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2 Trackbacks/Pingbacks

  1. ¡Que gran lectura! – Elektrolupo

    [...] La contraproposición de mercado y ecosistema en la analogía del árbol muerto. El Imperio Franco que se ecosistemiza cerrándose al Mediterráneo y se hunde en la pobreza de la cual solo puede salir con la llegada de los mercaderes y con estos los bazares a partir de los cuales se levantan mercados. Hoy en un mundo-puzzle en descomposición sólo sera posible un reflorecimientos económico en la regiones que cumplan los aspectos que hacen posible la llegada de los mercaderes. Un tiempo para “los pies polvorientos”. [...]

  2. 13 mil años de globalización… y los que quedan | Wanderjahre

    [...] la globalización cuyos protagonistas son las personas (a partir de 2000). Pero obvia que hubo globalización antes de Colón (por no hablar de su ceguera ante la globalización más allá del anglomundo pese a su empeño [...]

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