A partir de los años 90 las nuevas tecnologías empiezan a tener un impacto directo en la producción: el desarrollo de la productividad a pequeña escala se hace dramático. La aparición de Internet y la relajación de las trabas al comercio concurren en la ruptura de las cadenas de valor: las macroempresas que habían crecido a base de integrar las cadenas de producción, empiezan a externalizar segmentos y procesos en empresas mucho más pequeñas distribuidas por una geografía cada vez más amplia. Es la época de la deslocalización y el no-logo. Pero pronto, muchos de esos «pequeños periféricos» comenzarán a integrar cadenas productivas por si mismos. Al centro le surge la competencia en la perifería precisamente en los sectores de mayor valor añadido. El fenómeno se manifiesta en un incremento sostenido del comercio internacional y se agrega bajo la forma de la emergencia de los BRICs (estadísticas de UNCTAD también desagregado por regiones).

Desde el punto de vista de la organización de la producción lo que sucede es que el cambio tecnológico está reduciendo el tamaño eficiente de escala drásticamente. Pero esto supone un verdadero problema para el capital: cuanto más cerca de la producción individualizada estemos, menos necesario resulta. Empieza a acumularse una gran bolsa de capital financiero que no puede integrarse de forma directa en la producción. El capital tiene menos grandes proyectos en los que invertir y comienza a moverse de un modo cada vez más rápido, más sensible ante cambios en las oportunidades como podemos ver en el histórico de los flujos internacionales de capital:

Si quisieramos describirlo de forma gráfica, podríamos decir que el mecanismo que ligaba producción y capital como si fueran los piñones de una bicicleta cambia sus proporciones. A pequeños cambios en las oportunidades productivas el capital responde con grandes movimientos de fondos… aunque no sean necesarios porque la escala de la producción ya no lo requiere. Si la experiencia de los noventa hubiera dejado dudas, la burbuja y posterior crisis de las puntocom (primer pico del gráfico anterior) lo hizo evidente y la burbuja hipotecaria norteamericana (segundo pico) aplastante: esas masas de capital ocioso generan burbujas especulativas por si mismas… con consecuencias sociales graves cuando se dirigen a mercados como el de futuros sobre los alimentos.
Se torna evidente la necesidad de innovación financiera para reconvertir la estructura del capital global a las nuevas condiciones industriales, al cambio de las escalas eficientes de producción. Pero, como señalaba Juan Urrutia en 2005, los incentivos van por otro lado: titulizaciones y activos opacos que enmascaran el divorcio entre capital y sistema productivo y preparan los mecanismos de la crisis actual.
Pero la crisis no ha puesto en cuestión los mecanismos y problemas de fondo. Los ejemplos llenan la prensa: ayer viernes una revisión del crecimiento chino de 8.3% al 8.1% puso en estado shock a los analistas de inversiones y la prensa especializada. ¿Se podía considerar un mal dato? En absoluto, pero pequeñas variaciones porcentuales significan mucho para esa masa de capital financiero que se mueve por los mercados globales.
Las correcciones
Después de la caída de la Libra en el 92, la crisis del Bath tahilandés en el 94, su equivalente mexicano y el consiguiente «efecto tequila», el carácter desestabilizador y destructivo de rápidos movimientos de masas de capital especulativo -una novedad por aquel entonces- se hará evidente. Se abrirá un debate sobre la tasa Tobin pero la idea de generar «diques de contención» se manifestará del todo ineficiente
La cuestión de fondo es que el capital financiero requiere una nueva ola de innovación que le reintegre al sistema productivo. Para que esto se produzca lo fundamental es que modifique sus preferencias de riesgo para servir a grandes proyectos de infraestructura a largo plazo y proyectos de pequeña escala que son los que sostienen la innovación, el empleo y el desarrollo.
En este segundo vector la experiencia de los microcréditos y la innovación en formas de remuneración del capital apuntan formas eficientes de agregación de riesgos y transformación institucional. Y seguramente bastarían como fundamento para una transformación endógena… pero resulta claro que un cambio espontáneo no se producirá mientras la captura del estado, a través de las macrocorporaciones o deuda no sea puesta en discuión y el desarrollo de la descomposición -con su consecuente destrucción de capacidad productiva- sea visto simplemente como un daño colateral y no como una consecuencia directa de esa captura.
Todos los que enseñamos alguna vez «Economía de las Organizaciones» en la facultad señalamos alguna vez a nuestros alumnos que incluso en los modelos capitalistas más puros, el entorno social de la empresa, los stake-holders, aunque no estén 
La característica que hace que
A finales del siglo XVIII el aparato productivo y la sociedad comenzaron una transformación drástica. Con la decadencia del Imperio español, el enfoque europeo del francés y el ascenso de Holanda y Gran Bretaña, se abre un periodo de incipiente libertad comercial transoceánica. En ese marco, la unión de una serie de nuevas tecnologías mecánicas y la acumulación de capital comercial en manos de un nuevo tipo humano sin los constreñimientos de la tradición católica e imperial, creó un nuevo factor productivo: el capital industrial.
Pero el capital industrial era un factor productivo tan valioso como escaso. Esa contradicción entre las posibilidades que generaba y la dificultad de acceder a él, confirió pronto a sus poseedores -aquellos que tenían acceso o poseían por si mismos formas anteriores de capital- un poder extremo en la organización económica. Su aporte y su escasez lo justificaban. El capital industrial impuso sus reglas: todos los demás factores se pagarían a precios de mercado, es decir se remunerarían a su coste de oportunidad… pero él no sería remunerado exclusivamente sobre su coste de oportunidad (que en el caso del capital es el tipo de interés) o a partir de él con una prima de riesgo… no, todas las rentas serían en exclusiva para él.