El Correo de las Indias

Grupo Cooperativo de las Indias

Bitácora de las Indias

  1. La inadecuación del capital financiero a la pequeña escala en el origen de la crisis

    14 abr 2012

    Cuando las tecnologías han reducido drásticamente la escala eficiente de producción, el capital, en vez de adaptarse ha huido hacia la opacidad de las titulizaciones y los grandes movimientos a corto. Mientras las preferencias de riesgo no se modifiquen permitiendo la reintegración del capital en la producción real (cada vez de menor escala) la causa de fondo de la crisis seguirá operando. Sin embargo esas bolsas de capital tienen una mejor salida a corto: apoyarse en la captura del estado por macrocorporaciones o deuda… azuzando la descomposición y la destrucción de capacidades productivas.

    Adicción a las burbujasA partir de los años 90 las nuevas tecnologías empiezan a tener un impacto directo en la producción: el desarrollo de la productividad a pequeña escala se hace dramático. La aparición de Internet y la relajación de las trabas al comercio concurren en la ruptura de las cadenas de valor: las macroempresas que habían crecido a base de integrar las cadenas de producción, empiezan a externalizar segmentos y procesos en empresas mucho más pequeñas distribuidas por una geografía cada vez más amplia. Es la época de la deslocalización y el no-logo. Pero pronto, muchos de esos «pequeños periféricos» comenzarán a integrar cadenas productivas por si mismos. Al centro le surge la competencia en la perifería precisamente en los sectores de mayor valor añadido. El fenómeno se manifiesta en un incremento sostenido del comercio internacional y se agrega bajo la forma de la emergencia de los BRICs (estadísticas de UNCTAD también desagregado por regiones).

    Evolución del comercio mundial

    Desde el punto de vista de la organización de la producción lo que sucede es que el cambio tecnológico está reduciendo el tamaño eficiente de escala drásticamente. Pero esto supone un verdadero problema para el capital: cuanto más cerca de la producción individualizada estemos, menos necesario resulta. Empieza a acumularse una gran bolsa de capital financiero que no puede integrarse de forma directa en la producción. El capital tiene menos grandes proyectos en los que invertir y comienza a moverse de un modo cada vez más rápido, más sensible ante cambios en las oportunidades como podemos ver en el histórico de los flujos internacionales de capital:

    PIB global

    Si quisieramos describirlo de forma gráfica, podríamos decir que el mecanismo que ligaba producción y capital como si fueran los piñones de una bicicleta cambia sus proporciones. A pequeños cambios en las oportunidades productivas el capital responde con grandes movimientos de fondos… aunque no sean necesarios porque la escala de la producción ya no lo requiere. Si la experiencia de los noventa hubiera dejado dudas, la burbuja y posterior crisis de las puntocom (primer pico del gráfico anterior) lo hizo evidente y la burbuja hipotecaria norteamericana (segundo pico) aplastante: esas masas de capital ocioso generan burbujas especulativas por si mismas… con consecuencias sociales graves cuando se dirigen a mercados como el de futuros sobre los alimentos.

    Se torna evidente la necesidad de innovación financiera para reconvertir la estructura del capital global a las nuevas condiciones industriales, al cambio de las escalas eficientes de producción. Pero, como señalaba Juan Urrutia en 2005, los incentivos van por otro lado: titulizaciones y activos opacos que enmascaran el divorcio entre capital y sistema productivo y preparan los mecanismos de la crisis actual.

    Pero la crisis no ha puesto en cuestión los mecanismos y problemas de fondo. Los ejemplos llenan la prensa: ayer viernes una revisión del crecimiento chino de 8.3% al 8.1% puso en estado shock a los analistas de inversiones y la prensa especializada. ¿Se podía considerar un mal dato? En absoluto, pero pequeñas variaciones porcentuales significan mucho para esa masa de capital financiero que se mueve por los mercados globales.

    Las correcciones

    Después de la caída de la Libra en el 92, la crisis del Bath tahilandés en el 94, su equivalente mexicano y el consiguiente «efecto tequila», el carácter desestabilizador y destructivo de rápidos movimientos de masas de capital especulativo -una novedad por aquel entonces- se hará evidente. Se abrirá un debate sobre la tasa Tobin pero la idea de generar «diques de contención» se manifestará del todo ineficiente

    La cuestión de fondo es que el capital financiero requiere una nueva ola de innovación que le reintegre al sistema productivo. Para que esto se produzca lo fundamental es que modifique sus preferencias de riesgo para servir a grandes proyectos de infraestructura a largo plazo y proyectos de pequeña escala que son los que sostienen la innovación, el empleo y el desarrollo.

    En este segundo vector la experiencia de los microcréditos y la innovación en formas de remuneración del capital apuntan formas eficientes de agregación de riesgos y transformación institucional. Y seguramente bastarían como fundamento para una transformación endógena… pero resulta claro que un cambio espontáneo no se producirá mientras la captura del estado, a través de las macrocorporaciones o deuda no sea puesta en discuión y el desarrollo de la descomposición -con su consecuente destrucción de capacidad productiva- sea visto simplemente como un daño colateral y no como una consecuencia directa de esa captura.

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  2. Tres razones por las que la escala torna irresponsables a las empresas y a sus gestores

    01 abr 2012

    La escala independiza a los gestores del control social del entorno, el control de la eficiencia por los mercados y el control de la gestión por las instituciones de gobierno corporativo. La escala hace irresponsables a las organizaciones y sus dirigentes.

    Gestores corporativosTodos los que enseñamos alguna vez «Economía de las Organizaciones» en la facultad señalamos alguna vez a nuestros alumnos que incluso en los modelos capitalistas más puros, el entorno social de la empresa, los stake-holders, aunque no estén representados en los organismos de dirección, influyen en ella a través de tres vías:

    1. El control social de las zonas productoras, cuyos intereses se asocian generalmente a la creación de riqueza y la conservación del medioambiente.
    2. Los «intereses generales» ligados a la sostenibilidad del proyecto y el no derroche de recursos, incluidos los naturales, se materializan en la gestión empresarial a través de la necesidad de la eficiencia en mercados competitivos (si los derechos de propiedad están claramente definidos).
    3. Esto se refuerza, en teoría, con la sustitución de los grandes grupos inversores por una masa «líquida» de pequeños accionistas bursátiles, que controlarán a los gestores para garantizar que su inversión sea socialmente responsable o al menos no genere costes sociales que se conviertan en costes de imagen y reputación para la empresa.

    Sin embargo, la escala desmonta estos mecanismos sociales de control de la responsabilidad empresarial uno a uno:

    1. Separación entre entorno social y demanda: todos recordamos los casos de Central Lechera Asturiana, Serenisima, Conaprole… todas las centrales lecheras, en todos los continentes y tengan forma empresarial que tengan, cuando llegan a cierto tamaño viven un proceso similar: tras forzar a los pequeños productores a inversiones cuantiosas para el tratamiento de la leche en el mismo establecimiento, rebajan los precios por litro entregado condenando a los pequeños a la ruina. Incluso en las cooperativas la mayor parte de los socios se ve obligada a dejar de producir y el conflicto se hace inevitable. La que era una institución querida, recibe el rechazo social. Todo el mundo conoce o tiene en la familia un pequeño ganadero damnificado. El discurso de la inevitabilidad no traga. Hay alternativas, pero se basan en la proximidad y la calidad…. y las grandes lecheras apuntan a otros lados (patentes, pactos con los oligopolios de distribución, etc.). El boicot empieza como una respuesta silenciosa, luego se hace explícita. El consumo en los entornos afectados cae hasta un 30%. Pero da igual, el entorno ya no influye. La escala ha hecho a los gestores independientes de la aprobación social en las zonas productoras.
    2. Divorcio entre la eficiencia y el beneficio marginal. A partir de cierto tamaño las ineficiencias de escala son inevitables, los «procedures» se estilizan, los mecanismos de control se hacen más pesados y la «gestión de recursos humanos» tiene que elegir entre perder el control o igualar por abajo. Pero el tamaño tiene sus ventajas si lo que se persigue es simplemente remunerar al capital social: a partir de cierta posición en el mercado -que no tiene por qué llegar al «too big to fall»- la ineficiencia puede verse compensada por las rentas generadas al ganar la posibilidad de influir en el desarrollo del mercado (véanse las empresas de bebidas y su control monopólico de las cadenas de distribución o la captura de los criterios del regulador por energéticas y telefónicas)
    3. Desaparición del principal en el control de los gestores. Todos los economistas conocen la hipótesis de Baumoll según la cual a partir de cierto tamaño y rentabilidad del capital las empresas buscan maximizar el ingreso, ganar peso de mercado. De fondo hay un comportamiento que no se aleja demasiado del de la burocracia maximizadora de presupuestos de la «Public Choice» de Buchanan: los gestores de las grandes sociedades por acciones buscan su propio beneficio de forma racional, que tiene que ver -tanto en ingresos como en prestigio y poder- con el peso e importancia social y política de las empresas que dirigen. Los gestores, saben que a partir de que la empresa alcance cierto tamaño y el dividendo ciertos niveles competitivos de rentabilidad, sus objetivos de gestión pueden orientarse a otros lados, porque con capitales atomizados o flotantes las Juntas son poco más que un espectáculo mediático precocinado desde la dirección y los consejeros empiezan a ser controlados por los gestores en vez de controlar a estos ¿conocen algún banco de los que se llenaron de activos tóxicos en que los «consejeros independientes» pidieran comprender esos mágicos activos opacos que acabaron llevándoselos por delante?

    No es sólo, como señala Julen, que el volumen provoque pérdida de transparencia. La escala independiza a los gestores del control social del entorno, el control de la eficiencia por los mercados y el control de la gestión por las instituciones de gobierno corporativo. Si aceptamos la idea de que los gestores persiguen, como cualquier otro agente económico, maximizar su propio bienestar, la escala ha de resultarles atractiva pues les hace irresponsables, que es mucho menos arriesgado que ser transparente y estar sometido al control del entorno.

    Como todo en Economía de las Organizaciones, la clave son los incentivos. Así que la cuestión es obvia: si nos preocupa de verdad la responsabilidad social corporativa y sabemos que los actuales incentivos apuntan en realidad a la irresponsabilidad… ¿qué podría cambiarlos?

    Sí, efectivamente: la disipación de rentas.

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  3. La P2P foundation se declara filé

    29 mar 2012

    Por

    logo de la p2pfLa declaración ayer de Michel Bauwens en el blog de la P2P Foundation es realmente importante. En primer lugar se declaran filé, en segundo lugar describe los elementos de la estructura jurídica y económica que utilizan como base para su funcionamiento transnacional y finalmente explican por qué eligen Bitcoin como base para sus transacciones por su carácter privado e independiente de los estados y sus (capturables) bancos centrales. En distintos ámbitos -desde los católicos «focolare» a los libertarios- están surgiendo tendencias y formas que apuntan a la aparición de filés (comunidades transnacionales que fundamentan su autonomía sobre el principio de democracia económica). En este contexto que se de el horizonte y el espíritu de filé una comunidad tan relevante globalmente y tan claramente ligada a la generación de significados en torno a las redes distribuidas como es la que impulsa la P2PF, es realmente trascendente porque puede servir de ejemplo y decantar otras muchas experiencias y comunidades en todo el mundo. (0 comentarios)
  4. Formas no capitalistas de remunerar el capital

    27 mar 2012

    Una de las características más interesantes de la forma cooperativa es que permite remunerar a los socios financieros de formas no capitalista. Formas que apuntan hacia un nuevo tipo de sistema productivo y un nuevo rol del capital.

    CoooperaciónLa característica que hace que el capitalismo se llame así es que por defecto:

    1. la propiedad de la empresa recae integramente sobre los propietarios del capital y
    2. las rentas extraordinarias (todo lo que supera el precio de mercado de los factores) se reparte exclusiva y proporcionalmente entre las distintas participaciones de capital a través del dividendo.

    La forma cooperativa en cambio permite una libertad prácticamente total en la remuneración de los factores. Muchas cooperativas tienen sistemas originales para remunerar al capital y algunas pequeñas empresas, bajo la forma de SLs, las han imitado en estos años de crisis.

    Techos y suelos

    Los techos y el suelo de la remuneración de capital están normalmente regulados por ley. La ley de Cooperativas de Euskadi, seguramente la más avanzada del mundo, marca dos referencias que parecen cabales:

    • No podrá haber pago de interés al capital social si en el ejercicio no se dan resultados positivos en la cooperativa. El suelo por tanto es cero, el capital sólo puede ser remunerado en caso de que existan excedentes por lo que obligatoriamente asume riesgo.
    • El techo máximo se fija en el tipo de interés legal (actualmente 4,25%) más un extra de 6 puntos.

    Alternativas dentro de los márgenes

    Dentro de estos márgenes la remuneración se fija en los estatutos cooperativos y puede tomar todo tipo de formas. Las más comunes son:

    1. Tipo del dinero más un extra. Es la forma clásica de las grandes cooperativas industriales. Sirve además, mediante la inversión automática de la participación del trabajador al jubilarse, para asegurar a los antiguos trabajadores de estas cooperativas una renta complementaria a la pensión. El extra se revisa anualmente en función de los planes de negocio, pero suele estar entre los 4 y los 6 puntos, dentro siempre del margen marcado por las leyes, que varía en cada lugar.
    2. Porcentaje sobre el excedente supeditado al techo legal. Garantiza al inversor una remuneración flexible que aumenta proporcionalmente con los excedentes cooperativos hasta que alcanza el techo legal estipulado (actualmente del 10.6% del capital invertido originalmente).
    3. Alguna de las anteriores más compras preferentes y otras remuneraciones no monetarias. Una parte importante de los incentivos al capital no tiene por qué ser monetaria. Muchas empresas invierten en otras para asegurar una relación estable que les permita acceder a los productos a precios previsibles en el medio plazo o simplemente asegurar el suministro. Este tipo de incentivo es muy común en las empresas de servicios. Reduce el riesgo del inversor en su actividad principal sin generar un coste extra a los socios de trabajo.

    ¿Por qué los fondos de capital no invierten en cooperativas?

    Una remuneración de la inversión superior al 10% sin contar con los incentivos no económicos, es para cualquiera hoy en día, un «chollo», pocos son los capitales productivos que aseguran esas rentabilidades… y sin embargo, no hemos visto a los fondos de inversores y mucho menos a los capitales de riesgo orientarse hacia las cooperativas. Dejemos estos últimos para el final.

    El 5 de abril de 2005 Juan Urrutia apuntaba las claves de la crisis que estallaría más de dos años más tarde en un artículo que se titulaba «Por qué no invertimos en Africa». Explicaba en él cómo los proyectos de inversión a medio y largo plazo no podían competir con los derivados financieros:

    Luego la pregunta sigue viva: ¿por qué no invertimos en Africa? Mi respuesta es que el capitalismo de hoy no puede hacerse cargo espontáneamente del desarrollo de Africa porque, en primer lugar, el inmobiliario se revalúa más rápidamente que nunca, y porque, en segundo lugar, hay una enorme trampa de la liquidez flotante hacia inversiones reales significativas, reteniéndola en activos financieros complejos.

    Dejando para otra ocasión el análisis de la impaciencia y el inmobiliario, creo que lo relevante hoy es que estamos asistiendo a una efervescencia financiera que genera una proliferación desbocada de productos que aparentemente novedosos que, a pesar que sólo recombinan otros ya conocidos, se venden a franjas de la población sin gran preparación financiera, y a menudo, consiguen el apoyo de gestores poco formados que los recomiendan siguiendo un comportamiento gregario. Mientras subsista la esperanza irracional de que estos productos nos pueden hacer inmediatamente ricos, nadie estará dispuesto a intervenir en sociedades organizadas expresamente para la construcción de obras hidráulicas en el río Congo, por decir algo.

    Más allá de recordarnos que los orígenes y causas de la crisis eran perfectamente previsibles y que de hecho hubo quien como Juan, avisó cuando era posible evitar las presuntamente «inevitables» consecuencias, la argumentación explica claramente por qué la inversión en cooperativas -y en general en empresas productivas- no resultaba interesante para el capital. Tenía una mejor oportunidad a corto.

    Pero había un caso en el que los capitales no sólo afluían sino que buscaban y buscan activamente proyectos: el capital riesgo. Orientado a negocios y plataformas online es prácticamente imposible encontrar inversiones en cooperativas a pesar de que la remuneración del capital fuera en prácticamente todos los casos muchísimo menor. ¿Por qué?

    Porque el beneficio esperado por los inversores no era el derivado del reparto de dividendos, que en la mayoría de los casos ni siquiera se produce nunca. El negocio del capital riesgo está en la revaloración y venta de las participaciones. Se trata de procesos especulativos en los que la promesa de rentas derivada de escala, establecida mediante campañas de hype, atraen inversores que juegan a la revalorización y salida. Ese es el juego tanto en el llamado «circo del emprendedor» europeo o latinoamericano (que por lo general apuesta a la venta a una empresa californiana de similar modelo de servicio en internacionalización) como en EEUU donde todavía genera estupor que Goldman Sachs apueste por facebook a unos precios tan obviamente divorciados del dividendo repartido.

    Evidentemente la especulación sobre la propiedad de la empresa es algo -afortunadamente- imposible para las cooperativas. Veremos, en los próximos años, si el gran capital es capaz de afrontar el reto de la innovación desde un punto de vista distinto al de la especulación con las propias empresas y por tanto el modo de vida de las personas y su entorno. De momento, a pesar de que la carencia de financiadores haya aparecido como uno de los problemas endémicos de las cooperativas, hay que decir que en realidad ha sido una bendición: gracias a que las cooperativas han permanecido al margen de lo que Saskia Sassen llama «financiarización» de los sistemas productivos, están demostrando en la crisis cómo son capaces de crear cohesión y riqueza por si mismas sin rentas distintas de las de innovación ni trucos de jugadores de ventaja.

    Nuevos capitales, nuevas formas

    Pero eso no significa en absoluto que haya que prescindir ni dejar de remunerar al capital. El postcapitalismo orientado a la abundancia requiere en realidad un perfil de inversor nuevo que hoy es ya emergente con cantidades mucho menores de capital, olfato para la innovación y voluntad productiva. El tipo de inversor que no especula, sino que persigue la creación de riqueza.

    Es para ellos que tenemos que diseñar los sistemas de remuneración alternativa del capital.

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  5. ¿Capitalismo que viene o postcapitalismo orientado a la abundancia?

    21 mar 2012

    Qué es el capitalismo, por qué se agota y cómo las tendencias hacia su superación sólo pueden nacer del mercado y las redes distribuidas.

    Capital industrial

    PIB desde 1700A finales del siglo XVIII el aparato productivo y la sociedad comenzaron una transformación drástica. Con la decadencia del Imperio español, el enfoque europeo del francés y el ascenso de Holanda y Gran Bretaña, se abre un periodo de incipiente libertad comercial transoceánica. En ese marco, la unión de una serie de nuevas tecnologías mecánicas y la acumulación de capital comercial en manos de un nuevo tipo humano sin los constreñimientos de la tradición católica e imperial, creó un nuevo factor productivo: el capital industrial.

    Su efecto fue prodigioso. Conforme se extendía su uso crecían no sólo la producción per capita, sino las innovaciones, las comunicaciones, los mercados… El uso del capital industrial revolucionaba la productividad, lo que el trabajo humano podía conseguir por unidad de tiempo, y por tanto de la riqueza social generada y su valor. Su uso intensivo era, sin duda, de un avance sin precedentes que hizo por primera vez posible el sueño del bienestar universal.

    Capitalismo

    Pirámide del capitalismo (IWW)Pero el capital industrial era un factor productivo tan valioso como escaso. Esa contradicción entre las posibilidades que generaba y la dificultad de acceder a él, confirió pronto a sus poseedores -aquellos que tenían acceso o poseían por si mismos formas anteriores de capital- un poder extremo en la organización económica. Su aporte y su escasez lo justificaban. El capital industrial impuso sus reglas: todos los demás factores se pagarían a precios de mercado, es decir se remunerarían a su coste de oportunidad… pero él no sería remunerado exclusivamente sobre su coste de oportunidad (que en el caso del capital es el tipo de interés) o a partir de él con una prima de riesgo… no, todas las rentas serían en exclusiva para él.

    Y las rentas más legítimas, las de innovación, en un momento en que el mercado mundial distaba mucho de estar completo (a grandes rasgos no lo estaría hasta 1914), no eran tan fugaces como hoy. Recordemos que uno de los inventos más importantes de la época, la desmotadora de algodón, nunca cobró royalties ni derechos de patente. A su creador Eli Whitney, no le hizo falta: prosperó sobradamente gracias a las rentas de innovación de sus creaciones sin necesidad de reclamar su monopolio y prefirió ver cómo su innovación cambiaba el mundo.

    Así, con la exclusividad sobre las rentas, aportar el capital se hizo sinónimo de tener la propiedad de la empresa y el poder para organizar sus procesos. El capital pasaba de ser un factor productivo a ser una relación social.

    Y es a esta relación social que escoraba la propiedad en exclusiva hacia sus poseedores y no al uso de capital industrial ni al desarrollo de la productividad- a lo que llamamos capitalismo. A muchos contemporáneos, desde el Papa León XIII a John Stuart Mill, les pareció que habría que equilibrar la organización industrial para dar juego a los poseedores de otros factores o simplemente, como en el modelo de Marx, que el desarrollo de la productividad (que el llamaba «desarrollo de las fuerzas productivas») haría saltar por los aires el conjunto de las desiguales relaciones sociales y jurídicas nacidas de la escasez original de capital. Por supuesto hubo también pioneros de una nueva forma de relaciones sociales que modernizaron y adaptaron las relaciones igualitarias nacidas en el marco de los gremios y las viejas explotaciones comunales precapitalistas (en inglés «commons»), nacía el cooperativismo… pero, necesitado de capital industrial, sus focos nunca llegaron a configurar una alternativa general práctica. La escasez de capital seguía operando y cruzando toda la actividad económica.

    El legado del capitalismo: hacia un mundo sin rentas

    La Historia del capitalismo ha sido la historia de una revolución permanente. Su legado ha sido multiplicar la capacidad para generar riqueza, permitir un incremento desconocido de la población mundial y desterrar el cerrado mundo de los dogmas estamentales para sustituirlo por un mundo en continua ebullición de nuevas ideas.

    Y algo más. Llegado cierto punto de desarrollo, en algún momento de la segunda mitad del siglo XX, la productividad es tan alta que las nuevas tecnologías empiezan a independizarse del capital primero y de la escala después. La unión de nuevas tecnologías que permiten la comunicación distribuida con una nueva oleada de globalización, abre la perspectiva de un capitalismo sin rentas, un mundo, el que vivimos, en el que todo en el mercado apunta a la disipación de rentas. Es ese mundo el que Juan Urrutia describe, analiza y llama «capitalismo que viene».

    Evidentemente estas tendencias hacia una sociedad sin rentas no se materializan sin resistencia. Los beneficiarios del capital y en general los privilegiados que disfrutan rentas, se aferrarán al estado y su poder coercitivo como última y brutal forma de conservarlas. El viejo capitalismo toma su enésima encarnación bajo la forma senil de «capitalismo de amigotes». Pero para muchos, las reglas de juego son ya otras.

    Cuando el capitalismo se torna disfuncional en el mercado

    Una de las consecuencias que más se proyectaron en el tiempo de la escasez de capital originaria fue la necesidad de escala. La escala dio forma al sistema productivo e incluso a sus tipos humanos porque aportaba una solución organizativa al «hambre de capital» del sistema. Escala y capitalismo, como lo hemos definido arriba, van de la mano. Pero en el nuevo marco, con la productividad independizándose del capital, las escalas no son necesarias más que para apropiarse del tablero y capturar rentas: son disfuncionales. Una tendencia que no sólo se manifiesta como degradación de la calidad de los productos, del medioambiente y del servicio, sino sobre todo en la posibilidad cada vez más cercana de producción fabril de vanguardia a pequeña escala, incluso individualizada.

    El primer acto, o mejor dicho, la obertura de este fin de la escala, emergió en los noventa ligado a la globalización bajo la forma de «ruptura de las cadenas de valor» y «globalización de los pequeños». Sus consecuencias, aunque secuestradas por la desigualdad distributiva que define todavía al pago de los factores, han sido drásticas: nunca antes tantas personas habían salido de la pobreza.

    Todo apunta a que las unidades productivas, las empresas de una sociedad sin rentas, serán cada vez más cercanas a la escala humana con unas pocas decenas de personas por equipo. Y lo serán no sólo porque la tecnología y la forma en que aporta a la productividad (cada vez de un modo más individualizado) lo hagan posible, sino porque las cada vez mayores ineficiencias de escala ligadas a la búsqueda y captura de rentas, lo hacen necesario.

    Y lo que es igualmente importante, la idea misma de que las rentas sean en exclusiva para el capital, entra en crisis cuando estas se limitan a las rentas de innovación y son sumamente fugaces. Ahora lo escaso, de cara a obtener esas últimas rentas, no es el capital sino el conocimiento que permite innovar.

    En puro mercado, el capital, para mantener empresas así, ha de competir por los sujetos de la innovación -la comunidad y su relación con el entorno- aumentando su remuneración hasta reducir la propia al coste de oportunidad. Esa es la tendencia que vemos, por ejemplo, en las B-Companies.

    Esta es la más hermosa paradoja de nuestra época: la empresa para mantenerse en un mercado en que las rentas se disipan debe dejar de ser capitalista para sobrevivir. Esta es la marea que mueve las aguas bajo las mil discusiones sobre la gestión del capital creativo, la economía social, la empresa abierta o la democracia económica…

    ¿«Capitalismo que viene» o post-capitalismo?

    Simplemente el capital es ya un factor más, y todo lo que no sea remunerarlo por su coste de oportunidad (el tipo de interés) más una pizquita de incentivo, es disfuncional. Y si el reparto deja de ser un monopolio también deja de serlo el poder y el control de la gestión. Más cuando si el centro está en la innovación, la clave de todo proyecto nuevo que intente maximizarla está en el desarrollo de la comunidad y su horizonte en la generación social de abundancia.

    Pero si la lógica de poder y distribución que llamamos capitalismo se está convirtiendo en contradictoria, en suicida, dentro las formas de productividad creadas por el propio capitalismo, la alternativa no vendrá de un cambio legal, de una imposición de un nuevo tablero, sino de dejar que el actual se desarrolle hasta sus últimas consecuencias. Es por eso que la ética hacker es funcional a las nuevas condiciones. No derribaremos el capitalismo, simplemente lo superaremos. Y el mercado será palanca y escenario del cambio.

    Y es que, seguramente sea ya hora de decirlo, el «capitalismo que viene» no es un capitalismo, sino más bien todo lo contrario, conduce necesariamente a la puesta en cuestión de sus bases y, Juan nos perdone, habría que comenzar a llamarle más bien «economía de mercado sin rentas» o simplemente, post-capitalismo orientado a la abundancia.

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