El Correo de las Indias

Grupo Cooperativo de las Indias

Financiación del emprendimiento artesano

08 may 2010

Montar un negocio de cierto alcance requiere financiación, algo difícil para los emprendedores artesanos, en especial para los que apuestan por la democracia económica. ¿Cuáles son las alternativas?

En casi ocho años de historia las Indias jamás ha recibido un crédito ni las más mínimas facilidades financieras. Incluso después de haber consolidado año tras año excelentes resultados y gozar siempre de una liquidez poco común, algo tan sencillo como un aval de alquiler para nuestro local de Madrid sigue implicando la imposición de un plazo fijo. No es de extrañar por tanto que junto a la integración de nuevos miembros la financiación sea el tema recurrente en cualquier encuentro entre cooperativas o emprendedores artesanos.

En los últimos años están surgiendo, ligados a las instituciones del estado y al propio movimiento cooperativo, distintas organizaciones y estructuras que ensayan distintas formas alternativas de financiación. Los dos modelos que más repercusión pública han tenido hasta ahora han sido:

  1. Agrupaciones y asociaciones como Oinarri -una sociedad de garantía recíproca- impulsada por las cooperativas de trabajo vascas que facilita avales financieros y técnicos, Sicoop el fondo de inversión en cooperativas de la Generalitat catalana o Descoop una cooperativa de segundo grado impulsada por la federación valenciana de cooperativas y varias cajas de ahorro
  2. Banca ética como Fiare o Coop57, que utilizan fórmulas como garantizar títulos participativos (cuasiequivalentes a acciones pero sin derechos políticos) o los avales mancomunados (en los que el entorno de los socios se hace responsable solidario del pago de la deuda).

Un modelo demócrata económico

Aunque todos estos esfuerzos son sin duda encomiables producen muchas veces la sensación de ser algo así como la versión financiera de una hamburguesa de tofu: replican herramientas y formas del mundo financiero tradicional sin acabar de tener el alcance y volumen que daría potencia al modelo, cuando no haciendo un discurso de economía social que recuerda demasiado a enfoques asistenciales y localistas dependientes tantas veces del apoyo institucional que adolecen de la carencia de una clara vocación de mercado.

Por eso es tal vez importante comenzar por preguntarse qué es lo que requiere un emprendedor artesano que haya apostado por la democracia económica como forma de organización y vida.

  1. Autonomía y democracia plena en la organización del trabajo… es decir organización cooperativa
  2. Capital, tanto en su forma financiera como en forma de capital social (referencias, relaciones, conocimiento de mercados)
  3. Poder articular los dos anteriores desde la lógica del emprendedor artesano, es decir, que la empresa se construya para trabajar en ella, no para especular con ella, pasando de la perspectiva de mercado al negocio de las sucesivas rondas de capital, juego favorito de tantos fondos de capital riesgo y business-angels. Las reglas del juego han de ser claras: los cooperativistas quieren construir un proyecto para trabajar en él y los inversores para obtener una renta recurrente de su rentabilidad, no para vender su participación con plusvalías (aunque por supuesto, puedan salir en un momento dado por sus propios motivos).

El modelo Szena

Debemos a nuestro consejero Luis Pérez la primera implementación de un modelo que responde a estas demandas en Szena.

  1. Dos sociedades: Se crea una SA en la que un máximo de hasta un 40% se reserva para la cooperativa de los trabajadores (que puede preexistir o, en un momento dado, formarse a partir de los emprendedores). Estas acciones pueden irse liberando en función del cumplimiento de una serie de objetivos de implantación prepactados en el plazo de dos o tres años.
  2. Reparto de funciones: La SA será la empresa que aparezca en el mercado, la Soc. Coop. la encargada de la organización de la producción. La estrategia de comercialización será consensuada en el Consejo de la SA.
  3. Pacto de permanencia: Los accionistas asumen y declaran su vocación de permanencia en el proyecto y su apuesta por un crecimiento basado en los resultados y no en la autoespeculación. La cooperativa se compromete a trabajar un mínimo de horas/persona al mes para la SA que ella misma participa, pactándose las eventuales formas y proceso de recompra en caso de ser este inevitable (cuando por ejemplo un socio necesita salir por lo que sea).
  4. Pacto de liderazgo: El consejero delegado de la SA se elegirá de entre los presentados por la la cooperativa, de modo que el liderazgo comercial de la SA esté ligado de forma natural a la estrategia de cohesión interna de la cooperativa.

Ventajas del modelo

El modelo permite un funcionamiento como democracia económica con incentivos para el inversor. Pero sobre todo, focaliza la relación entre socios inversores y socios cooperativistas en el objetivo común del desarrollo de la empresa en el mercado.

Obviamente sale de la ortodoxia cooperativa (supeditación del capital al trabajo), planteando una relación más equilibrada en la que los cooperativistas necesitan convencer y liderar a los inversores puesto que siempre estarán en minoría en los consejos a pesar de aportar la dirección ejecutiva.

Los indianos estamos bastante convencidos de la viabilidad del modelo, por otra parte en desarrollo material ya en Szena, pero entendemos que puede resultar polémico ¿Qué os parece?

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10 Comentarios a “Financiación del emprendimiento artesano”

  1. David de Ugarte

    Perdonad que sea yo mismo quien haga el primer comentario, pero me gustaría apuntar una idea que creo puede aclarar algunas diferencias con el cooperativismo “ortodoxo” a este respecto.

    La [[filé]] es una comunidad con empresas y dentro de ese modelo, el principio de [[democracia económica]] es el ordenador de las empresas en el que trabajamos los indianos.

    Esto implica que para nosotros que una de nuestras cooperativas montara una SA para financiarse no pondría en cuestión la ordenación y la cotidianidad comunitaria global. Por eso no nos preocupa la “contaminación” de objetivos y modos que participar en un consejo con inversores podría generar a otros grupos donde la comunidad no está tan claramente dibujada. Es decir, donde participar ese consejo podría interpretarse como poner algo “por encima” de la comunidad misma. En nuestro caso sería sólo participar de una empresa con una de nuestras empresas. Estaría al lado, no encima. Y eso cambia también el modo de sentir las cosas.

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  2. Versvs

    Yo creo que precisamente el modelo de Szena es valioso y nos enseña dos cosas.

    1. Que una S.A. o una S.L. puede introducir mecanismos para adaptarse y dotar su propia estructura de una cierta democracia interna, a la vez que consigue una implicación de los trabajadores en el proyecto mucho mayor (pues ahora todos son un poquito dueños de su empresa).

    2. ¿Es negativo desde el punto de vista del cooperativismo? Seguramente una comunidad como la indiana o un grupo cooperativo con la envergadura suficiente no deban recurrir a este modelo intermedio: quizá puedan montar las empresas/herramientas que necesitan desde cero y con una estructura interna totalmente democrática. Mientras tanto, el modelo Szena demuestra como cuando hay voluntad (debe haberla por por ambas partes, ver punto 1), la colaboración puede revertir en una comunidad que se dota de un servicio devolviendo al mismo un poco de bien en forma de organización interna más democrática.

    Así que sí: me parece bien. Son modelos que creo que demuestran que los sistemas no son estancos ni aislados, ni inmutables. Que las cosas pueden ir evolucionando y que la interacción es la base para ello… y que el agua, por donde pasa, moja :)

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    • David de Ugarte

      Ojalá que no tengamos nunca que recurrir a financiación exterior… pero si para algún negocio necesitamos hacerlo yo creo que el modelo puede ser funcional, sobre todo porque la clave está en que los indianos no serían menos indianos -en libertad, en derechos, etc.- porque en una de nuestras empresas hubiera inversores específicos e incluso tuvieran la mayoría en el consejo.

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  3. Versvs

    ¡Exacto! Los indianos no perdemos nada, con este tipo de colaboraciones suplimos alguna cosa concreta que necesitemos y por el camino vamos dejando la semillita… y ya que los beneficiarios la usen como quieran/puedan. No podemos infligir a nadie un final feliz :)

    Lo de la financiación exterior, además, es mejor no necesitarla por lo mismo que comentas al principio del post… así que yo también espero que no haga falta :D

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  4. Fer

    En el fondo el problema se reduce a ponerse de acuerdo y ser capaces de alinear intereses de manera que todos queden contentos, tanto los que buscan crear un proyecto en el que trabajar (los cooperativistas) y los que buscan una rentabilidad para su dinero (los accionistas de la SA).
    Tan fácil como eso y tan dificil como poner de acuerdo visiones distintas del mundo.
    De todas maneras, interesante manera de salvar el eterno problema de la financiación.

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  5. Gonzalo Martín

    Yo suelo decir(os) que la fórmula jurídica me importa un pito y que, al final, lo que cuenta es “la cultura”, los valores subyacentes que encuentran en el derecho una manera de darle forma. El derecho es importante si estás ante un buen derecho, porque contribuye a proteger cosas que no pueden quedar al albur de unos pocos frente a otros pocos.

    Dicho esto, comprenderéis que no puedo hacerle ascos a una fórmula que evita la ortodoxia como tótem, religión o mito que ha desbordado su función. Y es que existirán negocios que requieren aportaciones de capital que no pueden ser ejecutadas por los socios trabajadores por muchas razones, pero la más importane me parece que sea la intensidad en capital que requiera un negocio. Otra cosa es decidir que ese tipo de negocios queden fuera de tu ámbito.

    El capital es una forma de deuda muy especial, pues es apenas exigible, pero introduce disciplina de rentabilidad: bien manejado dentro del espíritu artesano introduce un factor de corrección a las posibles pérdidas de norte comercial y organizativo de un grupo de practicantes de democracia económica. ¿Especialmene si son nuevos y requiere un proceso de maduración para tener una cultura responsable con la viabilidad conjunta de la organización?

    Adicionalmente, puede ser un excelente mecanismo para crear rentas y reservas para el retiro de los cooperativistas, incluso para crear ciclos de vida profesional que, existiendo una cobertura financiera, permita hacer el secesionismo y el nuevo emprendimiento más fácil.

    Yo no le tengo tanto rechazo a la palabra plusvalía. ¿Por qué no? Me imagino que esto está muy debatido. La cuestión es qué plusvalía es razonable y cómo se consigue. A cambio de imponer qué coste a la supervivencia en el tiempo de los integrantes del emprendimiento. No puede ser a cambio e imponer socios no deseados o endeudamientos absurdos. Preo asegurar independencia financiera a la gente es una gran cosa, incluso dentro de la cooperativa (ya digo, me parece que cuánto más fácil desde el punto de vista financiero sea poder secesionarse, mejor desde mi mirada del mundo).

    El mecanismo de borrachera bursátil y la más local del pelotazo a base de amigotes y favores gubernamentales nos llevan a una visión de la generación de gran valor por empresas presuntamente disruptivas con desconfianza. O por la presencia de humo. Pero ¿por qué no puede un grupo cooperativo arrancar un proyecto, que alcance una masa en la que requiere otras aportaciones de capital para crecer y lo venda a tiempo y bien con la finalidad de continuar su vida comunitaria en otro proyecto que mantiene una dimensión más acorde con sus objetivos? De nuevo, la cultura: saber para qué se hace y cómo se hace.

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    • David de Ugarte

      Completamente de acuerdo contigo en éso… siempre que la salida sea ordenada y su perspectiva no haya previamente desorientado a la empresa y los compromisos establecidos. Realizar una plusvalía si se ha creado valor es algo normal y estupendo, el tema es como dices la cultura, no perseguir pelotazos, sino negocios sostenibles y orientados a mercado y no a autoespeculación.

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