El Correo de las Indias

Grupo Cooperativo de las Indias

Empresas tradicionales en transición hacia la democracia económica: el grupo cooperativo como modelo organizativo

17 ago 2010

¿Cómo enfrentar la transición hacia la democracia económica en empresas donde no todos los que trabajan en ella se han planteado la necesidad de convertirse en socios? ¿Motiva lo que no es deseado?

Hace ya bastantes años que entre nuestros servicios se encuentra la consultoría de organización. En nuestros proyectos de este tipo siempre hemos incluido la puesta en marcha de espacios deliberativos que de alguna manera anticipaban o ponían la semilla de la democracia económica.

Pero ahora estamos frente a un reto distinto. Un reto que es ante todo un desafío a nuestros propios prejuicios: dar una estructura y un funcionamiento cooperativo a una organización joven y briosa pero que nació y creció desde una estructura tradicional de SL. Es decir, una organización donde sólo unos pocos se han planteado siquiera que quieren ser y funcionar bajo el principio de democracia económica.

En la mentalidad indiana, está bien presente la idea de Artigas: “la libertad concedida es colonia“. De entrada para nosotros, si no hay comunidad, si no existe una identidad y un proyecto vital común tiene poco sentido plantearse la forma cooperativa. No se innova con aluvión, sin complicidad.

Pero nos enfrentamos aquí a un pedido distinto: la forma cooperativa ha de ayudar a la asunción del proyecto por sus protagonistas… lo cual a su vez nos ha llevado a un esfuerzo de reinterpretación de las empresas tradicionales y de la gente que trabaja en ellas y sus objetivos.

¿Cerdos y gallinas?

Nuestra mirada anterior se parecía mucho al viejo cuento anglosajón del cerdo y la gallina que huyen de la granja y pretenden abrir un restaurante para ganarse la vida. Cuando discuten qué menú servirán la gallina propone servir desayunos con huevos y panceta. El cerdo entonces responde que no pueden ir a partes iguales, él está comprometido mientras la gallina sólo está involucrada.

Cuando una plantilla se contrata atendiendo al CV y las habilidades profesionales demostradas por cada cual, la mayoría sólo estará involucrada. Hará más o menos apasionadamente su trabajo, con corrección y cuidado, pero si no media coacción, no trabajará más horas que las estipuladas. Está vendiendo horas de trabajo a cambio de salario y condiciones. No está asumiendo, comprometiéndose en un proyecto. Pretender otra cosa, por otro lado, sería poco menos que abusivo por parte de quienes mantienen la propiedad y por tanto deciden el reparto del excedente.

Hay siempre sin embargo, además de los emprendedores que iniciaron el proyecto quien toma su trabajo como una causa, quién lo entiende como mucho más que un intercambio mercantil. Y aún contra toda racionalidad (la empresa no es tuya, le recordarán pareja y amigos) se dejará la piel en conseguir sacar adelante la producción y las ventas.

En esta lógica sólo los cerdos estarían en disposición de convertirse en cooperativistas. Las gallinas simplemente estarían a otra. Ni siquiera lo desearían. De hecho, ni siquiera lo merecerían. Convertir la empresa en cooperativa desde arriba sería concesión, colonia, un traje demasiado grande que no serviría a los fines y que se degradaría sin haber sido aprovechado…

¿Artesanos y mercaderes?

Pero hay otra forma de mirar a las empresas tradicionales. Es cierto que hay gente comprometida y gente involucrada. Gente que lo vive y gente que hace lo suyo y se va. Pero si miramos un poco más en detalle a lo mejor la división no es exactamente esa.

Seguramente los cerdos que no fueron directamente fundadores, son los que más relación tienen con el cliente o con el mercado, los que sienten el proceso de desarrollo de productos como un hacker sentiría el trabajo, como un reto que les vincula a un espacio de reconocimiento. Para ellos ser socios es también una motivación. Son mercaderes y tarde o temprano acabarán volcados en el mercado, gestionando proyectos para clientes, llevando implantaciones de productos, mejorando los procesos de venta… Son cooperativistas naturales.

¿Pero y las gallinas? Demos por hecho que las gallinas disfrutan de su trabajo, que disfrutan, como casi todo el mundo que no “tiene un problema en el trabajo“, de trabajar con un equipo estable de personas (compañeros) con los que desarrolla proyectos de medio y largo plazo que le resultan interesantes.

¿Qué es lo que piden las llamadas gallinas? Normalmente tiempo y recursos para hacer bien lo que tienen que hacer. Muchas veces mayor comprensión de los problemas concretos por parte de equipos directivos que no conocen -a veces incluso desprecian- los aspectos técnicos de la producción y por tanto no pueden valorar los aspectos creativos, el ingenio que aplican a las dificultades que enfrentan.

No, no son gallinas que simplemente ponen un huevo y se van. Son artesanos a los que el mercado no les interesa porque el reconocimiento que presta no les hace un especial sentido. Ellos saben de esfuerzo. Su ética es una ética del esfuerzo no de los resultados mercantiles y el reconocimiento externo. No les gusta vender. Tienen mucha menos prisa y mucho más amor por los detalles. ¿Pero eso les invalida para ser cooperativistas? ¿No es precisamente autonomía lo que desearían para organizarse mejor y distribuir tiempos y habilidades de manera más eficiente?

¿Pueden cooperar artesanos y mercaderes?

El acerbo del cooperativismo no acaba en la figura de la cooperativa clásica. De hecho, la idea de grupo cooperativo como forma avanzada de intercooperación tiene mucho más juego que la consecución de escalas… y en este caso, en este tipo de casos, puede darnos una clave para la transición hacia formas cooperativas en organizaciones tradicionales.

Empecemos por nuestra propia casa. La estructura del Grupo Cooperativo de las Indias está pensada para que los aprendices se descubran artesanos, dedicando tres años a tareas de producción, aprendiendo los detalles y habilidades del pluriespecialista que cada indiano es como socio de la Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas. Se busca con eso potenciar y desarrollar su mentalidad de artesano, de persona que ama su trabajo y es capaz de entenderlo como portador de unos valores y un proyecto comunitario y personal. Son socios, sí, pero no gestores ni comerciales. Lo serán luego, cuando pasen a la fase de compañerismo, una etapa de verdadero emprendizaje cuyo objetivo es descubrir y desarrollar la vida de mercader sin perder las virtudes del artesano.

La clave del sistema: un único grupo cooperativo en el que maestros mercaderes y aprendices artesanos tienen espacios autónomos dentro de una casa común mientras los compañeros protagonizan el crecimiento hacia los lados, es decir la apertura y gestión de nuevos proyectos. La comercialización recae sólo en la Sociedad Cooperativa de las Indias Electrónicas, cabecera del grupo que es además la que invierte parte de sus excedentes en emprendimientos externos y gestiona las cuentas globales redistribuyendo excedentes según la lógica -realmente igualitaria e transnacional- característica de nuestro grupo.

¿No tiene este sistema algo que aportar en su estructura a las necesidades propias de una empresa tradicional en transición hacia la democracia económica? ¿Sólo nosotros, los indianos, podemos encontrarle utilidad?

Un modelo de grupo cooperativo para las empresas tradicionales en transición

La primera respuesta desde la lógica cerdos vs gallinas suele ser montar una coop de cerdos que a su vez mantenga como asalariadas a las gallinas. Afortunadamente esto es practicamente imposible. Las cooperativas no se inventaron para practicar la democracia censitaria en la empresa.

Sin embargo, el grupo cooperativo ofrece una opción relativamente sencilla: formar una cooperativa de mercaderes que sea la cabeza del grupo cooperativo, participe otras empresas y asuma la comercialización y gestión de cuentas. Y una -o varias- cooperativas de artesanos centradas en desarrollar la producción, con autonomía para organizar el trabajo y crear un sistema de carrera interna realmente motivador para sus miembros. Porque eso ni lo duden: el artesano no se ve motivado por lo mismo que el mercader.

En un momento dado un grupo cooperativo organizado de este modo bien podría incluso financiarse según el modelo Szena: participar minoritariamente una sociedad anónima que fuera la dueña de la marca sobre la que se comercializaría el servicio o los productos y para la que formalmente trabajaría en exclusiva.

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11 Comentarios a “Empresas tradicionales en transición hacia la democracia económica: el grupo cooperativo como modelo organizativo”

  1. fer

    Jejeje, este modelo me suena. Además de lo que comentas tiene la ventaja de que es muy escalable: una vez tienes la red comercial, gestionada por los mercaderes, puedes ir incorporando nuevas cooperativas de artesanos generando econimias de escala.

    Sólo veo dos problemas:

    - que tanto los cerdos como las gallinas tengan ganas de involucrarse en la gestión de la cooperativa (no hay sitio para esconderse een una cooperativa)
    - que las cooperativas de cerdos y gallinas alineen sus objetivos. No tienen los mismos intereses ni la misma manera de ver el mercado, habra que dejarlo todo muy claro desde el principio.

    Pero me gusta mucho este modelo.

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  2. David de Ugarte

    :) bueno, la idea es no pensar en unos y otros como cerdos y gallinas, sino como mercaderes y artesanos, un mercader y un artesano piensan distinto, pero pueden entenderse y darse cuenta de cuánto se necesitan.

    La gestión -no la estructuración del trabajo- es cosa -en este modelo- de los mercaderes. No es que necesariamente les guste, pero entienden que la necesitan así que no la rehuyen (como es común entre los artesanos y por eso les confunden con gallinas).

    Entiendo por gestión tanto la estrategia a largo -maestro es el que ve el futuro- como la administración cotidiana y todo lo que hace falta para tener unas cuentas ordenadas y no verte nunca con el culo al aire.

    Y sí, yo también confío en que funcione. Creo que si finalmente se materializa vamos a tener una experiencia innovadora de la que vamos a aprender mucho…

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  3. Julen

    Una cuestión que me asalta es la de que cuánta gente “pasa” de artesanos y mercaderes y busca otras alternativas para llenar su vida. ¿De qué proporción hablamos? ¿Y sin la (inmensa) mayoría?

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  4. David de Ugarte

    Antes de responderte me gustaría apuntar una cosa: nosotros creamos nuestro [[estructura económica|sistema interno de organización del trabajo]] tras muchos años de [[Debate sobre la democracia económica|discusión]]… y sin pretender nunca que el resultado valiera más que para nosotros.

    La idea de “transformar” empresas tradicionales en democracias “desde arriba” no nos hace sentir cómodos si esa transformación no nace de la existencia previa de una [[comunidad]] y por tanto de una reflexión común. Por eso normalmente nuestras consultorías se basan en crear espacios deliberativos en la esperanza de que la comunidad, si está latente, tome cuerpo y vaya generando una reflexión que permita hacer cambios estructurales desde consensos razonados y motivantes.

    La idea (muy marxista) de que cambiando la estructura y la propiedad, la comunidad surgirá sola, no la compartimos… aunque en este caso desearíamos fuertemente que fuera así, por supuesto.

    Otra cosa es que esta experiencia, a pesar de las limitaciones propias de haber surgido “desde arriba” nos permita aprender más sobre formas organizativas, aportando un modelo de [[Arte]] para comunidades que quieran desarrollarse económicamente que sea menos restrictivo que el nuestro.

    Por eso este proyecto es importante para nosotros. Hasta ahora el modelo indiano sólo servía de referencia a comunidades de artesanos-mercaderes. Este nuevo modelo podría valer para comunidades formadas por artesanos y artesanos-mercaderes. Hemos encontrado más de una vez comunidades así muy cercanas a nosotros montando cosas como periódicos locales online. Creo que esta reflexión les hubiera sido útil en su momento.

    ¿Hay gente que frente al trabajo toma otras actitudes que no encajan en la lógica del [[Arte]]? ¡¡Seguro!! Que sean la mayoría o no, nos da igual. No pensamos desde lo “universal” o la nación que te obligan a “imaginar” cómo es la gente sino desde las comunidades reales con pedidos y necesidades mucho más concretas. Pero, en cualquier caso, imaginar herramientas organizativas democráticas útiles para personas que trabajan como asalariados y no quieren ser otra cosa (ni artesanos ni mercaderes-artesanos), nos queda bastante lejos y desde luego a día de hoy no creo que nuestra experiencia les sirviera de demasiado, tampoco este modelo, por supuesto.

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  5. Gonzalo Martín

    Llevo varios dias meditando sobre este post. Porque no me salen las palabras que explican mis sensaciones. Creo que sé por qué: años de trabajo en consultoría de organización apoyado en la sociología y psicología industrial hacen que me sienta un tanto entre dos aguas.

    A saber: como que me parece obvio. Por un lado. Por otro: como que es una formulación elegante y, para mi esto es importante, formulada en castellano, sin palabros tomados de artículos americanos. En los cursos que dábamos a las empresas, el ejemplo del cerdo y la gallina era frecuente. La contradicción normal de la dirección de las empresas es que suelen querer pedirle a sus “plantillas” que sean “cerdos” sin ceder un ápice del poder de decisión y sin, por supuesto, darse por aludidos: ellos ya eran los cerdos, lo que lo convierte en orwelliano.

    Ahora iré a mi punto de vista: toda la literaratura de gestión de empresas lleva años dejando claro que sólo plantillas respetadas, involucradas, cuidadas, mimadas, con cultura fuerte y valores fuertes dan empresas muy por encima de sus competidores. Por supuesto, se habla tambien de poner a su altura al accionista y al entorno, pero creo que son consecuencias de lo primero.

    El hallazgo de lo que se llamó “teoría z” como práctica de trabajo de la industria japonesa y como factor diferencial frente a industria americana (encallada en la “teoría y”) revalorizó lo que hoy nos parece obvio: las personas no son máquinas y necesitan darse un sentido en el trabajo para que den su mejor rendimiento. El conflicto entre la autosatisfacción del alfarero y la pérdida de sentido del obrero de la cadena industrial, o del contable de manguitos. Y podemos seguir hasta Arriortua y su “señor trabajador”.

    Echa esta introducción, mi impresión es que no es en sí la democracia económica lo que proporciona una cultura orientada a crear cerdos: son las culturas que ponen a las personas primero, lo que entraña una fuerte dosis de meritocracia y de compromiso mutuo: no te dejo en la estacada a la primera de cambio. Los empleados de cajas de ahorro españoles se han sentido así durante años y la ficción de su participación en la asamblea de la caja no era muy determinante.

    Añadiría dos factores más al análisis cerdo/gallina: el factor de la calidad del liderazgo (en castellano, la primera vez que busqué la definicion de líder, decía “mandatorio extranjero”, lo que viene a decirnos claramente la ausencia del lenguaje de términos que se refieran a la influencia de las personas por respeto y reputación y no por jerarquía o por la fuerza). No todas las personas tienen dotes para conducir personas. No todas las personas generan la misma contribución a crear visiones y generar mitos. Sea cual sea el nivel de debate.

    El segundo factor, sólo insinuado, es el de las expectativas de vida de la gente. Por su ciclo vital o por su vocación. Supongamos que te formas como músico clásico y no consigues vivir de ello. Conseguir un trabajo es… sólo un trabajo, un medio de vida. No esperemos más. Claro, elegir colaboradores para limitar estos daños y tener una cultura adecuada para sacar partido a esto, es otra cosa. Pero hay un conflicto con el estilo de vida y eso influye en la carencia de cerdos. No olvidemos que toda organización compite por atraer a sus cerdos y que los cerdos buscan los mejores corrales para su espíritu. Hace poco me ofrecían que optara por ser socio de una consultiora y no es que no sea yo cerdo con lo que hago, vaya que sí, es que a mis años estoy pensando en otra cosa. Mientras, soy más gallina. No es el placer de hacer un trabajo y hacerlo bien, es tener la reputación suficiente para ganar mi pan y hacer otras cosas. No más.

    Dejaré un último apunte fruto de mis años de experiencia en el trabajo: además de cerdos y gallinas, toda organización con suficiente tamaño, tiene ovejas negras. Dejo enunciado el teorema.

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    • David de Ugarte

      Efectivamente, y es que al final no tienen sentido los modelos más que como referencias. La cuestión es siempre concreta, con personas concretas a las que hay que escuchar y “descifrar”. Este es el verdadero problema: a todos nos gustan los modelos porque nos permiten imaginarnos un bosque cuando en realidad el trabajo va de poner cada árbol y cada planta en el lugar en el que va a recibir el sol y el agua que necesita maximizando al mismo tiempo la capacidad del conjunto. Eso obviamente es trabajo de detalle, agotador y nada fácil, porque no nos engañemos, más allá del modelo siempre hay contradicciones, a veces insalvables, entre objetivos. Ni siquiera hace falta que sean “ovejas negras”, a veces todo lo contrario. Y claro, al consultor le duele reconocerlo y le obliga a asumir una responsabilidad al señalarlo que a nadie le gusta…

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  6. Gonzalo Martín

    El viejo Fortune dejó de interesarme hace años, pero de vez en cuando viene a huevo. Esta semana (aparte de una portada que supongo ya comentada por la red, la aseveracion de que los mejores días de Google han pasado ya) incluye un interesante artículo para ilustrar cosas que interesan en el mundo indiano.

    Lástima, no hay enlace, la versión papel tarda mucho en estar online. El artículo trata sobra la nueva empresa del creador de la aerolínea low-cost Jet Blue. Su nuevo invento es sólo brasileño y se llama Azul. Es fascinante el poder de síntesis del pitch para inversores de por qué hay que crear esa línea aérea en Brasil – esa capacidad de narrar e ir al grano de los gringos – pero nos viene al pelo una de las lecciones que ha aprendido en la vida: lo que le dijo el Presidente de Southwest – conocida por su rentabilidad y calidad de servicio – al despedirlo: básicamente era un tipo insoportable llevando gente en una organización estabilizada y añadía: “No pienses en los accionistas. Piensa en la plantilla. La plantilla se hará cargo de los clientes. Y los clientes se ocuparán de los accionistas”.

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  7. Isabel

    Un placer de lectura. Un tema al que le estoy dando muchas vueltas desde que llegué a vuestra Web. Esta conversación da mucho que pensar.

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  8. Isabel

    Si, ya lo he interiorizado. :)
    Por eso es de agradecer que lo compartáis. Al menos a mi, me ayuda a hacerme preguntas y es enriquecedor. Gracias!

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