El Correo de las Indias

Grupo Cooperativo de las Indias

El problema principal agente, el capitalismo que viene y los modelos cooperativos

14 abr 2010

Reflexiones en torno al problema principal agente, la emergencia de la sociedad de las redes distribuidas, las formas cooperativas y el cambio social que vivimos.

El problema principal- agente es un clásico de la teoría de organización de empresas. Los comerciantes mediterráneos de la revolución comercial de los siglos XI al XIII ya buscaron formas de “realinear objetivos” entre gestores y propietarios. Pero fue con el capitalismo industrial y el nacimiento de la sociedad por acciones cuando el problema principal agente se elevó a la categoría de problema social.

Es fácil leer el modelo del equilibrio general de Arrow en este sentido: mientras haya división entre socios y gestores, el mercado nunca conseguirá asignaciones eficientes aunque eliminemos los costes de transacción entre compradores y vendedores.

En la práctica, mucho más allá de Arrow, asistimos diariamente a la caricatura de las consecuencias últimas del modelo: Miles de pequeños negocios y emprendimientos basados en la lógica perversa del capitalismo de amiguetes; servicios y productos para empresas que encuentran mercado sólo porque amistades del colegio o del círculo social íntimo, a cargo de gestionar presupuestos inmensos de grandes corporaciones o administraciones públicas, no tienen problemas para contratar cantidades de seis cifras o menos. Hoy por ti, mañana por mi. Verdadero espíritu y solidaridad de los estratos medios de la clase gestora… opuestos al interés social que el mercado alinea en este caso con los propietarios y los contribuyentes.

El cooperativismo y el problema principal agente

El primer gran aporte del padre Arizmendiarrieta que hizo posible la mayor experiencia cooperativa del siglo XX, fue comenzar al revés la organización de cooperativas de trabajo. La formación había sido hasta entonces un objetivo y un resultado del cooperativismo. Arizmendiarrieta comenzó apostando por la formación para, desde el empoderamiento de las personas, impulsar cooperativas. El punto de partida era sin embargo demasiado difícil como para salvar totalmente las diferencias sociales y de formación impuestas por el entorno y la Historia.

El modelo mondragoniano consagrará la actual división entre Consejo social (formado por socios) y Comité de dirección (formado por técnicos gestores) en la dirección de las cooperativas. Factores culturales y sociales, proximidad e ideología, harán sin embargo que la diferencia entre socios y gestores sea muchísimo menos dramática en sus formas y consecuencias que en las empresas por acciones. A fin de cuentas, los gestores mondragonianos no son paracaidistas sino personas involucradas con el modelo que conviven con sus socios, socios que a diferencia de los dueños de una empresa por acciones, siguen día a día la empresa porque trabajan en ella.

Dicho de otro modo: el cooperativismo de trabajo industrial, al tener unos socios involucrados y siempre presentes y unos gestores que no venían de clusters cuyo objetivo es la renta de posición (escuelas de negocios, consultoras, etc.), no sufrió la suplantación del principal por el agente que viven las grandes empresas y que está en el origen del cansancio sistémico actual.

La revolución de la productividad

La clave del sistema social que conocemos como capitalismo es la escasez del capital como factor productivo y la práctica imposibilidad de conversión de las rentas del trabajo en capital. Es esa escasez la que da lugar a un sistema estable de clases y la que hace practicamente obligatoria la agregación de rentas en capital mediante el estado o las corporaciones y por tanto la aparición del problema principal agente.

Eso empieza a cambiar a finales del siglo XX en los países centrales por una serie de causas paralelas a la emergencia de la sociedad de las redes distribuidas: desarrollo generalizado de la formación y la educación, abaratamiento sostenido y radical de las herramientas más sofisticadas de trabajo (ordenadores, acceso a redes, etc.)… causas todas ellas resultado del mayor y más sostenido aumento de la productividad de la Historia humana. Este aumento de la productividad estallará en consecuencias sociales a partir de su encuentro con la progresiva apertura de barreras entre mercados y el desarrollo de un nuevo sistema de comunicación e información cuya topología distribuida elimina por si misma costes de transacción y aumenta la accesibilidad a los mercados por los pequeños.

No es que con los ahorros de salarios medios pueda montarse una siderúrgica, pero sí pequeñas empresas o cooperativas en segmentos de alto valor añadido como el software libre, la consultoría, la tecnología y en general en áreas ligadas a la nueva lógica de la abundancia en la información en las que el capital más importante está en intangibles y capital humano.

La era de los lemures

Una nueva cultura emerge entonces desde la periferia del aparato productivo, las comunidades de software libre y la Academia: la ética del hacker. Una cultura que rechaza las limitaciones jerárquicas y nacionales en los modos de trabajo propios del viejo capitalismo corporativo, pero sobre todo la división principal agente.

En el ámbito cooperativo el modelo de la filé -que convierte la lógica de carrera jerárquica en un proceso de emprendizaje- apunta sobre todo al fin de esa divisoria entre gestores y socios que se vuelve absurda cuando los niveles medios de formación son suficientes como para que cualquiera asuma las mínimas tareas directivas que no están distribuidas en la propia comunidad.

Y mientras en el conjunto del mercado, el desarrollo del capitalismo que viene con su tendencia a la disipación de rentas, socava las bases del capitalismo de amiguetes y las rentas de posición de los gestores medios, rémora de los grandes dinosaurios corporativos.

Dinosaurios y rémoras que empiezan a ver cómo los descendientes de aquellos primeros lemures van tomando peso y protagonismo en un entorno regido ya por nuevas reglas y valores desde los que los modestos lemures no pueden sino evolucionar hacia más inteligencia y complejidad social.

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8 Comentarios a “El problema principal agente, el capitalismo que viene y los modelos cooperativos”

  1. hezumartin

    Mucho me temo que el amiguismo está más que nunca a la orden del día, así como la jerarquización social en el ámbito profesional. Las redes distribuidas y una ética hacker son excepciones en lo que me rodea. Tristemente existen poco más que cuando os leo :)

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  2. David de Ugarte

    Ayer estuvimos en MCC, lo primero que te llama la atención, mucho más que los servicios sociales cooperativos, es el tipo humano y las formas de trabajo de los directivos, a años luz del común de las empresas. Gente acostumbrada a escuchar y respetar a los demás, con su gente siempre en la cabeza y sin frivolidades. Salimos de ahí felices y con la sensación de haber aprendido. Personalmente te diré que incluso emocionado…

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  3. Sak

    Resiliencia también en los niveles de decisión basándose en la cultura de la abuncia aplicado a la formación, muy interesante. Mi duda es cuanto se puede crecer en masa social con ese paradigma. Lo hablaba con uno de los fundadores de igalia y concidíamos que desde luego existe un tope y que no sabíamos cual era. En igalia trabajan cuarenta personas y hasta el momento todo va bien, pero quizá no estén muy lejos de ese tope. Cuanta gente pensais que podría trabajar en Las indias como maestros?

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  4. David de Ugarte

    Pensamos que el [[número de Dunbar]] es una buena referencia por arriba. En la práctica tienes que restarle el tamaño medio de la red familiar y personal de los miembros (salvo que quieras construir una secta absorvente), con lo cual en realidad bajarías al “segundo número de Dúnbar”, es decir 80 (un número recurrente a lo largo de la historia de las unidades militares y la organización empresarial).

    Algo como el [[Grupo Cooperativo de las Indias]] por tanto tendría un máximo de unas ochenta personas entre [[maestros]] y [[compañeros]] (osea un total contando aprendices que oscilaría entre los 80 y los 120 personas). Todo el desarrollo posterior como [[filé]] tendría que aparecer por segregación y posterior confederación con los segregados y otras estructuras cooperativas equiparables.

    Lo que tenemos detectados también son momentos críticos en los 12, los 40 y los 60 miembros…

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