Dignidad y celebración
13 oct 2009
Celebrar es tan importante como hacer, o al menos tan importante como queramos que sea el recuerdo y la inmanencia del hacer.
La de las tres virtudes que se esperaban en un ciudadano romano, pietas, gravitas y dignitas, esta última es la más difícil de definir. Cicerón nos explica que no sólo se trata de tener una vocación y un sentimiento de lealtad hacia la comunidad/estado sino de que la gente honesta, la gente de bona fides, la reconozca.
La dignitas es pues una actitud de servicio, pero también un noble ansia, al estilo de aquella que Shakespeare le atribuye a Enrique V en la madrugada del 25 de octubre, día de San Crispín:
Pero también, al modo de la ética hacker, la dignitas necesita reconocimiento. Necesita de ”triunfos”, ”ovatios” o cuando menos ”supplicatios”, celebraciones ciudadanas que exalten a la comunidad en sobre el mérito de su vir triumphalis.
Y no olvidemos que lo sacer también incluye lo paródico, lo bufo. En la serie Roma hicieron una buena reconstrucción del triunfo de Cesar a la vuelta de las Galias, incluído el ajusticiamiento de Vercingetorix… pero se olvidaron del ritual burlesco, aquel que se hacía para evitar el hybris, la ofensa a aquellos mismos valores/dioses por los que se había combatido:
Sobre el carro triunfante, detrás del caudillo, iba un esclavo que decía en voz alta al triunfador, vestido con el traje etrusco de los antiguos reyes de Roma: “Recuerda que eres un hombre” y los soldados cantaban canciones burlescas referidas a su general que lo rebajaban a una escala humana absolutamente corriente. El mismo César tuvo que aceptar con motivo de su triunfo sobre los galos el año 46 a.C., que le insultaran llamándolo amante de un rey del Asia Menor de nombre Nicomedes: «César subyugó las Galias y Nicomedes a César; ahora César, que subyugó las Galias, celebra un triunfo ¡y Nicomedes, que subyugó a César, no lo celebra!
Hay una profunda sabiduría en la celebración del triunfo. Celebrar es tan importante como hacer, o al menos tan importante como queramos que sea el recuerdo y la inmanencia de nuestro hacer. Pero el gozo no ha de hacernos perder la modestia en la nuestra relación con los fines, con los valores que nos movieron. Porque si la pietas puede llevarnos a la virtus y ésta hacernos más que humanos, es sólo por un instante -y eso es lo que celebramos- que nuestro animus y genius se harán uno y generaran sentido, serán sacer. Y ahí tendremos que recordar una vez más que sólo somos humanos, que necesitamos dioses, familia, tribu… Roma, para poder elevarnos sobre la escasez y la soledad.
[...] que el pesismismo hace parte del discurso aceptado. Compartir, hacer las cosas por amor al Arte, festejar cada triunfo es generador de sentido, un atractor de orden en mitad del desastre de la descomposición [...]