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Compromiso de silencio

18 may 2010

El compromiso del silencio de los aprendices es una de las herencias gremiales que resultan más exóticas en nuestros días. Sin embargo es un verdadero tesoro que prepara tanto para la igualdad democrática como para el mercado.

La era del totalitarismo nació con la radio. Una era ruidosa en la que el estado se hacía omnipresente. En sus albores Goebbels teorizaba la conquista de los hogares, el octavo poder e impulsaba su extensión mediante la compra de una Volksempfänger para cada familia.

El mundo en el que hemos crecido era ese mundo. Un mundo donde el Telediario era la única voz en la sobremesa y donde había que -literalmente- alzar la voz sobre los medios para poder decir algo a los más cercanos, en el bar o el cuarto de estar.

El resultado de la sociedad de la televisión fue la de una cohesión deforme y uniformadora. Unas cuantas generaciones con déficit de atención permanente -pregunten en cualquier Universidad o instituto- para las que la comunicación era algo casi necesariamente fragmentario y compulsivo que se establecía siempre bajo la urgencia de la gran voz de fondo. Lo importante era emitir, el igual era casi inaudible, la conversación caótica, cuando no cacofónica, al superponerse todos hablando al mismo tiempo.

Sólo hay que ir a un bar o restaurante y fijarse en un grupo de amigos lo suficientemente grande para entender el modelo social de los grandes medios de broadcast: incapaces de establecer por si mismos un turno espontáneo, una conversación articulada entre todos, la pequeña comunidad fraternal se rompe en diálogos superpuestos, cada uno en tono más alto que el anterior. Escuchar a otro, aprender, compartir entre todos, se hace casi imposible. El gusto por estar juntos se convierte en una competencia por la palabra. La única forma de verse reflejado en los pares es gritar más que ellos, eludir sus deseos de contar a los demás y no dejarles hueco para poder emitir. La socialización de la era de la televisión es una siniestra profecía autocumplida: sin un poder exterior, sin un gran hermano que imponga orden, no hay coordinación ni transferencia de información posible en comunidad.

En un mundo así el corredor de fondo, el ciclista de montaña o el navegante solitario, parecen conocer el último refugio del silencio. No importa: refuerza con su soledad el mensaje. Al gran José Luis Ugarte le recuerdan como libre y disciplinado. La soledad se representa como la única manera de unir pensamiento, reflexión y acción. La única manera de trabajar a gusto. La alternativa a la destrucción de los lazos interpersonales se liga así a un culto a la soledad en naturaleza a lo Thoreaux tan pastoril como inpracticable. Mensaje: la sociedad es atomización, si quieres otra cosa vete de Robinson.

Y de repente, esa misma sociedad mira por un instante a los viejos cartujos y se siente fascinada. Paradoja: los ve desde una sala de cine, obligada a escuchar los sonidos del entorno sin palabras.

El silencio como herramienta de trabajo

A diferencia de los cartujos, el mundo gremial y artesano nos dejó un verdadero tesoro contra la atomización: nos enseña a escuchar sin necesidad de apartarnos. Es el silencio del taller, del mercader que escucha a su cliente en la la plaza pública. Todavía hoy los masones, herederos en parte de aquellas tradiciones, juzgan el silencio como la base para el empoderamiento de sus aprendices:

El Aprendiz Masón, tiene como deber y obligación principal, la de mantener silencio, su síntesis filosófica tiene una premisa fundamental; Saber Pensar, Saber Dudar, Saber Callar. (…) este silencio es la base de la sabiduría, y punto de partida para el autoconocimento por parte del individuo, esa reflexión interior, estado de absoluto control de los pensamientos para mantenerlos enfocados y concentrados en la observación para luego aprehender conocimientos o simplemente formar conciencia de lo observado, es la ejecución y puesta en practica del deber mas importante para un Aprendiz Masón

El compromiso de silencio del aprendiz es descubrir que le es más valioso el mundo y sobre todo las personas que su propia angustia por emitir. Le empodera, no le censura. Igual que un soldado en el campo de batalla se pregunta por este orden dónde está él mismo, dónde están los suyos y dónde están los otros, el silencio del aprendiz es la herramienta que le enseña a aprender de su trabajo, su comunidad y el mercado.

El silencio gremial es un saber escuchar:

  1. Saber escuchar a nuestra propia acción, al resultado de usar nuestras herramientas, para aprender de nuestro trabajo, mejorarlo, y nosotros mismos mejorar e innovar con él.
  2. Saber escuchar al maestro y al igual para poder vernos en él y permitirle verse en nosotros.
  3. Saber escuchar al desconocido en el mercado haciéndolo próximo, conocido, para saber qué necesita y poder identificarnos si no con él, al menos con su necesidad, dándole respuesta con nuestro trabajo, haciéndonos reinventar nuestros productos.

La magia del silencio se convierte entonces en la serenidad y confianza del maestro del Arte, que se sabe buen artesano por buen mercader, buen compañero por buen aprendiz, buen interlocutor por buen receptor de los demás.

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9 Comentarios a “Compromiso de silencio”

  1. Gonzalo Martín

    Una vez me referí a algunos elementos como conventuales y veo que tiene todo el sentido :-) En todo caso, esta preeminencia de la cháchara televisiva la siento como cierta en el agravamiento de la incidencia de la interrupción y la ignorancia a los demás: basta ir a un cine para darse cuenta de que lo que tenía el cine de ceremonial/ritual ha desaparecido. No sólo suenan los móviles y, lo más sorprendente, la gente los contesta. Si no que hay que hacer callar al público con formas que llamaríamos desagradables: se ha instalado la costumbre del cuarto de estar televisivo.

    ¿Tiene algo de parámetro cultural de este lado del sur de Europa? Siempre he sentido que en Cataluña la gente se interrumpe menos. Y que en el norte de Europa, también. Mucho menos. Algunos cines americanos repletos de teens tienen ese aire de interrupción permanente.

    En fin: “cállate, niño” es algo que no prodiga mucho padre actual. El silencio es concentración. La concentración es atención y los instrumentos “modernos”, incluído internet, una tremenda tentación para la dispersión. Recuperar la idea, seguramente para mi con menos ornamento o con un relato diferente, parece un paso de autocontrol personal. Con lo que de nuevo me vuelvo fronterizo al budismo :-) Pero sospecho que la palabra silencio aquí no invita a la contemplación sino a la maduración en la intervención en el debate.

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  2. Anidelys Rodríguez

    Coincido con ustedes. La última oración del comentario de Gonzalo me parece fundamental. Mi apreciación del silencio en el aprendiz indiano se sustenta en la necesidad de abrir bien los sentidos para aprender, para ganar conocimientos, experiencias, para madurar criterios.

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  3. Isabel

    El silencio es un camino hacia adentro. Hay pocas personas que se lleven bien con el silencio porque probablemente no se soportan a si mismas. No son sólo los nuevos medios. Incentivar a los niños a aprender no es saturarlos de estímulos externos, sino ayudarles a que los reflexionen.
    Como dice el autor del post: “La soledad se representa como la única manera de unir pensamiento, reflexión y acción.”

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    • David de Ugarte

      @Isabel, justamente lo que intenta transmitir este post es todo lo contrario: la idea de que es la atomización producida por la comunicación mediática la que presenta la soledad como única manera de unir pensamiento, reflexión y acción. La soledad no es ni buena ni necesaria en el trabajo, lo necesario es la actitud que nos permite, mediante el silencio, la escucha profunda del otro.

      @Daniel, en ése sentido la escritura focalizada no me preocupa tanto como la lectura atenta. El drama de escribir en Inet en estos días es la “lectura diagonal”, una lectura superficial que lleva al lector una y otra vez a sus prejuicios y por tanto no permite aportar nada. Por ejemplo, buena parte de la gente que me invita a conferencias, seminarios y colaboraciones en revistas está convencida de que “El poder de las redes” habla de facebook… y que además lo hace como si fuera la última maravilla. Y luego pasa lo que pasa

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  4. daniel

    … y empieza a aparecer software “silencioso”. Me llama la atención la aparición por ejemplo de nuevos programas de tratamiento de texto que se basan en la simplificación y en una interfaz sin botones: sólo para escribir, y para evitar la dispersión como este que descubrí hace poquito:
    Focuswriter (http://gottcode.org/focuswriter/).

    Es un poco offtopic, o tal vez no. Centrarse, escuchar, “niño, presta atención”…

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  5. Daniel

    La lectura diagonal es una práctica que va a incrementar el analfabetismo funcional en los próximos años… sí.

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  6. Nacho Muñoz

    El silencio es una estupenda herramienta de trabajo cuando la alternativa disponible (la verbalización) contiene el suficiente ruido como para dificultar la evolución del discurso, sin aportar ninguna experiencia o aprendizaje.

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  7. Isabel

    Lo siento David, no había visto tu respuesta. No creo que estemos en desacuerdo, creo que es una cuestión de experiencia interna (me refiero a la mía) y de las palabras, o la falta de ellas, puesto que fue una divagación probablemente descontextualizada.

    El acoso mediático actual agrava la cuestión, pero siempre ha sido “complicado” pensar diferente o encontrar alternativas a las etiquetas establecidas. Yo al menos, necesito el silencio para no dejarme contaminar o para comprender y reafirmar lo que empieza aparentemente como intuición pero que en realidad es observación y una tendencia (a veces excesiva para mi tranquilidad) a cuestionar.

    La soledad para mí es silencio y es lo que me permite “escuchar al otro”, pero ante todo ser consciente de a quién debo y/o quiero escuchar. Lo de que no es buena ni necesaria para el trabajo, aún estando de acuerdo en general, también depende. Pero esto sigue siendo una percepción personal de quien ha tenido que pelearse con el entorno para reclamar un espacio de soledad. Quizá la lectura de tu post me llevó a una reflexión personal que hubiera debido trasladar a mi blog en lugar de divagar en tus comentarios.
    Pero sigo diciendo que no creo que estemos tan en desacuerdo. De hecho me gusta el concepto de comunidad que habéis hecho realidad.

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