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  1. El neoliberalismo y las escalas

    14 may 2012

    Con la perspectiva de la actual crisis, podemos entender el conjunto de políticas neoliberales que marcaron el mundo desde los años ochenta como una reacción consciente y un acelerador involuntario del gran capital a la reducción de la escala óptima de producción y por tanto a la transición hacia un modo de producción P2P

    De los creadores de los «Bowie Bonds»...La cuestión de la escala de producción y las crecientes ineficiencias ligadas a esta, son un tema tan común como cotidiano. Las grandes producciones y servicios de escala son percibidos socialmente de forma negativa tanto por la irresponsabilidad social que permite a la gestión como por las pérdidas de calidad y diversidad que impone y que los consumidores saben innecesarias. Como escribe Kevin Carson:

    The larger the scale of production, the more it must be divorced from demand, which means that the ostensible «economies» of large batch production are offset, and then more than offset, by the increasing costs of finding new ways of making people buy stuff that was produced without regard to preexisting orders.

    Sin embargo, la crítica de las grandes escalas que hemos emprendido en las Indias, va más allá, señalando cómo el origen de la crisis está en la inadecuación del capital financiero a las nuevas -y cada vez menores- escalas óptimas de producción. Escalas óptimas que cada vez están más cercanas a las del modo de producción P2P.

    La «gran máquina de fabricar burbujas» tendría su origen en las dificultades del sistema para rentabilizar grandes masas de capital en un entorno en el que la escala eficiente de producción es cada vez más pequeña y se necesita por tanto menos volumen de inversión.

    Por ejemplo, es un hecho conocido en los entornos de «capital semilla» y «venture capital» que lo que reduce la rentabilidad de esos fondos es la necesidad de asumir riesgos mayores para poder ofrecer salida a mayores paquetes de inversión. Como comentaba Jose Ignacio Gorigolzarri en una entrevista para el diario económico Cinco Días:

    Si faltan emprendedores, no creo que sea porque no hay financiación (…) ojalá hubiera escasez financiera y no de proyectos novedosos.

    Y el mundo de las «start ups» no es una excepción. A fin de cuentas si el sistema se ha focalizado en ellas ha sido como parte de un movimiento más amplio caracterizado por una una serie de innovaciones financieras cuyo objetivo era reducir niveles de riesgo no sistémico para encontrar nuevas salidas al capital.

    Este movimiento debería considerarse el motor de las políticas estructurales hegemónicas desde los años ochenta que describe David Harvey en «A Brief History of Neoliberalism»: financiarización, apertura de mercados y radicalización y extensión de la legislación de propiedad intelectual.

    Todas ellas son políticas de consecución de escala cuyo objetivo es dar salida y sentido a una masa creciente de capitales ociosos y es desde este ángulo -más que desde el ideológico o incluso desde la perspectiva de la redistribución de rentas- que deberíamos considerar el neoliberalismo como movimiento político-económico entre 1979 y la actualidad.

    Las grandes estrellas empresariales de los ochenta y noventa argumentaban claramente la necesidad de orientar las políticas económicas para que hicieran posibles y necesarias escalas mayores de producción, reforzando e incluso creando nuevas fuentes de rentas financiarizables.

    La caída de las escalas óptimas estaba implícita en todo el argumentario de la época: El Microsoft de Bill Gates no era General Motors ni en impacto sobre el empleo ni en necesidades de capital… y sin embargo llegó a ser la mayor empresa del mundo. Warren Buffet hizo su fortuna troceando empresas, revendiendo unas partes y poniendo a producir otros. David Bowie emitió bonos sobre rentas futuras de su música señalando el camino hacia la financiarización de la nueva industria audivisual y hasta de la nueva agricultura transgénica o la investigación médica. Un camino para el que requerían no sólo una nueva vuelta de tuerca en la legislación de «propiedad intelectual», sino su extensión a todos los demás países para impactar en las balanzas de pagos de los estados centrales y especialmente de EEUU. Una extensión, que se realizó, y no es casualidad, ligada a la firma de la nueva ola de tratados de libre comercio cuyo objetivo último era justificar un redimensionamiento al alza del capital de los grandes bancos, telecoms y empresas de servicios básicos privatizadas.

    Paradojicamente esta última política, la globalización, abriría la espita de lo que se ha llamado la «ruptura de las cadenas de valor» y su consecuencia última, alimentada por el impacto de la comunicación distribuida: el ascenso de un nuevo sector industrial y tecnológico de gran alcance -pero mediana y pequeña escala- en los países periféricos, especialmente en Asia… que a su vez radicalizaría aún más la tendencia hacia escalas óptimas menores en los países centrales.

    Con la perspectiva de la actual crisis, podemos entender el conjunto de políticas neoliberales que marcaron el mundo desde los años ochenta como una reacción consciente y un acelerador involuntario del gran capital a la reducción constante de la escala óptima de producción y por tanto a la transición hacia un modo de producción P2P.

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  2. Sinecdoque ya tiene cara gráfica

    11 may 2012

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    Siguiendo con el día de estrenos hoy publicamos la carga gráfica de «sinecdoque», un mash-up libre de herramientas distribuidas, con los blogs en el centro, para la construcción de relatos colaborativos de eventos. También avanzamos en el desarrollo de «letxuga» con la decisión de usar CakePHP para el desarrollo del proyecto y los primeros commits. (0 comentarios)
  3. ¿Intervención internacional en las cuentas del estado español?

    10 may 2012

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    BBC daba hoy por segura una intervención internacional en auxilio del estado español lastrado por los bancos. Bloomberg era más dramático y estimaba que el agujero de los bancos es 5 veces el calculado, ahondando en la opinión publicada por el Financial Times según la cual Bankia es sólo el primer síntoma de un fenómeno que se extenderá a muchas otras entidades. En nuestro cuadro de análisis la intervención internacional se perfilaba como posibilidad para finales de verano u otoño. Si hacemos caso a la prensa económica anglófona, parece que fuimos demasiado optimistas. (0 comentarios)
  4. Decrecionismo y catastrofismo energético vs modo de producción P2P

    01 may 2012

    Edificio energía cero via http://metal-roof.blogspot.com/2012/04/zero-energy-homes-buildings.htmlSiguiendo con las cuestiones surgidas el otro día en Tecnocrítica en Palma, no podía faltar la crítica decrecionista, comenzando por la mayor: la presunta falta de recursos energéticos para mantener un modo de producción P2P.

    No tan dramático

    Lo primero es restar dramatismo a la «inminencia» de una catástrofe energética. Los peak-oilers llevan años pronosticándola para el año siguiente y nosotros casi el mismo tiempo recordando que sus cuentas no son sino una falacia ricardiana: Estamos muy lejos de que el petróleo se agote y el impacto de toda restricción en la oferta sobre el sistema económico se dará a través del mecanismo de precios, pero cuando, aún dando por buenas las previsiones más dramáticas, nos ponemos a hacer los números de lo que supondría, el resultado es modesto, alredededor de un 0,2% anual del PIB global, un impacto que en el peor de los escenarios posibles no sobrepasaría el 2% en el peor año ni para los más derrotistas:

    The economic damage caused by such a rise is predicted to be modest, perhaps 0.2% of global GDP a year. (…) Nevertheless, Mr Kumhof worries that if oil prices are high enough, the economic impact might increase substantially. On the most extreme assumptions, it could be 2% a year.

    La falacia ricardiana supone asumir que sólo los precios se moverán, sin afectar al nivel de reservas, a la eficiencia en el consumo y lo que es más importante, a las alternativas tecnológicas. Y sabemos que no es así. De hecho, uno de los campos en que el modo de producción P2P ha comenzado a despuntar ha sido precisamente el de la producción energética renovable.

    La energía en el modo de producción P2P

    Cada modo de producción tiene sus maneras de generación y distribución energéticas característicos, pues cada sistema supone también un modo de relación distinta con los recursos y la Naturaleza en general.

    Por eso los conflictos y alternativas entre el viejo sistema y el modo de producción P2P, no sólo se evidencian en la inadecuación del capital financiero a las nuevas escalas o en las contracciones funcionales de capital y mercado en ambos sistemas, sino también en la resistencia de las eléctricas en todo el mundo a la evolución de la red eléctrica hacia una forma distribuida.

    Es claro que el modo de producción energética en el modo de producción P2P estará basado en la autoproducción renovable y en una arquitectura «energía cero» que relegará la red eléctrica descentralizada al nivel de «reserva de seguridad» y distribución de excedentes. Esto no es prospectiva, es ya una tendencia cotidiana y cada vez más masiva cuyo impacto, especialmente tras leyes como la californiana o la británica que hacen obligatorio el consumo energético exterior cero para toda construcción a partir de 2016, veremos crecer más y más.

    La adicción al «peak-todo»

    La respuesta sin embargo de los «peak oilers» a la idea de que un mundo distribuido no heredará los conflictos medioambientales y las tensiones de recursos del modo de producción actual, es responder con toda una serie de peak-algo (peak-coltán, peak-agua, peak-cobre, peak-silicio incluso) que habrían de hacer imposible cualquier alternativa a la desindustrialización y la reducción malthusiana de la población mundial. De hecho, esta parece más un deseo, una necesidad a ser demostrada constantemente, que un problema real planteado por los hechos.

    Pero la cuestión es que los materiales son una cuestión de tecnologías y modo de producción y no tanto de recursos naturales. No vivimos en un planeta donde todo esté «a punto de agotarse», en realidad, casi nada lo está. Vivimos en una relación dinámica en la que el nuevo modo de producción se enfrentará a sus propias contradicciones y limitaciones, desarrollando nuevas tecnologías, usando nuevos materiales, aprendiendo nuevas cosas y generando nuevos recursos de todo tipo conforme los costes de seguir usando los hoy hegemónicos reorienten las líneas de desarrollo y produzcan toda una serie de nuevos conocimientos prácticos que hoy nos resultan, por definición, desconocidos.

    ¿Decrecimiento? ¿En qué terminos?

    El modo de producción P2P amplía la lógica de la abundancia desmercantilizando y llevando a la gratuidad servicios, bienes e incluso una gran parte del capital. Pero la abundancia no puntúa en la contabilidad nacional. Al revés, un software privativo, según en qué empresa puede ser contabilizado como capital o como mercancía y atribuírsele parte del valor generado. Un software libre, no. La autoproducción energética genera bienestar, pero el paso de la dependencia energética de una compañía a la autoproducción no se contabiliza como incremento de valor, sino paradojicamente, como destrucción de riqueza, pues se generaría un menor valor agregado por las empresas que es lo que mide el PIB.

    Es decir, la generalización del modo de producción P2P a distintos ámbitos de la producción se reflejará estadísticamente como una pérdida de riqueza social aunque se trate justamente de lo contrario. Pero se trata de un problema estadístico, no de un problema de fondo y mucho menos de un «objetivo» a conseguir ni una moral a defender.

    Al revés, un nuevo sistema productivo capaz de ampliar el campo de la abundancia, por definición aumentará el alcance de las fuerzas productivas. En otras palabras: el gran metabolismo social permitirá satisfacer sus necesidades -alimentarias, energéticas, físicas, sociales, culturales, etc.- a más personas, no a menos. La Naturaleza y su finitud no son el enemigo ni el problema, aunque el actual sistema de instituciones y relaciones económicas entre en contradicción cada vez más frecuentemente con ella. El modo de producción P2P se enfrentará sin duda a problemas nuevos, pero no a los límites del viejo sistema y mucho menos a los límites -exagerados a la baja- de unos recursos que no le son centrales.

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  5. Parresía, política y comunidad

    30 abr 2012

    La parresía, el hablar franco, sin adornos ni retórica, sin seducción ni consideraciones, es el único hablar verdaderamente político, el característico de la comunidad real y no puede por tanto existir sin una profunda y extensa deliberación previa. Pero entonces ¿Qué es la política? ¿Cuáles son sus límites?

    ParresíaLa parresía, el hablar franco de los clásicos, es la pieza fundamental para pensar la comunidad como ser político colectivo. Se trata de mucho más que de un hablar informado, se trata de un hablar en verdad, sin temor no ya a los otros o a las consecuencias sociales de lo dicho, sino a la incomprensión del otro.

    Lo importante es que la incomprensión de los otros no es un eufemismo del desacuerdo, sino la ausencia de un contexto común lo suficientemente profundo y extenso como para que la verdad de uno pueda ser expuesta crudamente sin tener que justificarse ni adornarse. Por tanto el hablar franco que define la verdadera actitud política, el verdadero vivir político, exige previamente una deliberación profunda, una interacción prolongada que, bien sabemos, permita una identidad real. Porque es un hablar que necesita y tiene en cuenta la decodificación que de lo dicho hace el otro. Y lo hace de una manera que sólo puede darse cuando existe, con los interlocutores, un metabolismo común y propio de generación de conocimiento. Es decir, la verdad política está limitada a un ámbito que no puede ser sino el de la comunidad real.

    No es casualidad que Foucault llegue a la parresía tras haber demolido los fundamentos de las comunidades imaginadas y sus saberes, desnudando su origen. La pregunta no es ya en ese momento si existe un saber autónomo (del poder ajeno y concentrado en el estado), sino en qué ámbito es posible la autonomía de un sujeto alternativo en el que podamos usar un «nosotros» que no sea pura máscara de la verdad alienante de los poderes ajenos que nos cruzan.

    La respuesta de Foucault señala la comunidad real como única comunidad verdaderamente política y a la parresía como la forma que toma la verdad en ese ámbito. Una forma de verdad cuya epistemología no es otra que la materialidad de una situación en la que el poder no se define sobre la comunidad sino en la comunidad. Por eso, el territorio donde la verdad puede ser dicha es sólo aquel donde lo dicho en verdad, sin consideraciones, afirma la identidad del sujeto colectivo porque a través suya lo hace la autonomía de cada uno. Sólo por eso este hablar político de la comunidad real resiste la prueba del límite, del riesgo, del peligro:

    en parresía, el hablante usa su libertad y elige la franqueza en vez de la persuasión, la verdad en vez de la falsedad o el silencio, el riesgo de muerte en vez de la vida y la seguridad, la crítica en vez de la adulación y el deber moral en vez del propio interés y la apatía moral.

    Al poner los límites de lo político en la verdad, lo extracomunitario o intercomunitario no se definiría como lo no-verdadero, sino como lo no-político… precisamente porque a partir de ahí aparece el poder y en verdad hemos de hacerlo descarnado. Lo político no es «una voluntad sostenida de hacer amigos» (para una idea o una causa, como defendía el otro día en Palma Amador Fernández-Savater), sino al contrario, la ausencia de miedo a perderlos en la afirmación de la autonomía que la verdad representa. No hay política en la cultura de la adhesión, ni siquiera en la participación, pues sólo hay posibilidad de compartir la verdad en la interacción cuando esta, deliberación mediante, ha generado contextos comunes y por tanto identidad.

    ¿Y qué hay por tanto con «el fuera» si no es política? Seducción, explicación, contextualización, confrontación de poder más duro o más blando, correlaciones, cálculo, destellos de verdad… sometida a la voluntad de supervivencia, al cuidado de un dentro en cuya lejanía no podemos ser sino extranjeros.


    Addenda: Esto no quiere decir que el fuera nos haya de ser incomprensible o nosotros incompresibles a los de fuera. Quiere decir que para que haya decisión colectiva tiene que haber un nosotros con contextos comunes.

    Podemos comprender al otro, podemos tomar sus contextos y hablar desde ellos para ser entendidos y poder transmitir deseos o valores. Pero entonces estaremos hablando en su verdad, no en la nuestra, aunque sólo sea para hacérsela comprensible. Hasta ahí estaremos haciendo pedagogía (el «entrar con la de ellos» de Iñigo de Loyola) pero si intentamos a partir de ahí llevar al otro a una decisión con nosotros (el «salir con la nuestra» del Santo), no cabe hacerse la ilusión de que estemos haciendo política, pues esta para ser auténtica nos exige hablar «en verdad».

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